Elie Wiesel y su noche

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El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, […] hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan.

Estas fueron las palabras de Elie Wiesel, premio Nobel de la paz en el año 1986. Con tan solo 15 años Wiesel sobrevivió a varios campos de concentración nazi y tras este hecho decidió hacer de su vida un homenaje a las víctimas y una continua búsqueda de la justicia en el mundo visitando campos de refugiados, luchando contra la violencia nuclear y haciendo colectas en favor de los desfavorecidos.

Estas palabras explican como su conciencia como judío le impulsó a crear más de 30 libros centrados en el Holocausto, aunque el libro La noche, basado en su propia experiencia, ha sido considerado junto con el Diario de Ana Frank y Si esto es un hombre de Primo Levi el tercer libro fundamental para entender verdaderamente el sufrimiento del pueblo judío.

El libro pertenece a una trilogía también llamada La noche que se compone además de las obras El alba y El día. El título del libro fue elegido simbólicamente al considerar los preceptos judíos que el anochecer es el inicio de un nuevo día y por tanto el inicio de una nueva etapa para un pueblo con el Holocausto.

Wiesel, nacido en Rumanía, destaca con este libro de apenas 150 páginas más que por su capacidad literaria por su sentimiento presente en las frases incompletas o las interpolaciones. El libro intenta reflejar sus propios pensamientos como niño en los diferentes campos de concentración pero sin separarse de su conciencia de adulto y su dolor ante los hechos. En esta obra, Wiesel narra la segregación de los judíos en ghetos, los traslados de casa, la pérdida material, los viajes en tren donde en un mismo vagón viajaban más de 80 personas, las dudas internas y la importancia de la razón pero también del azar para sobrevivir, su pérdida de la fe, la separación y muerte de su madre y su hermana Judith en la cámara de gas y un sin fin de acontecimientos en los campos junto a su padre Shlomo hasta el fallecimiento del mismo pocos meses antes del fin de la guerra.

“A la mañana siguiente, caminamos hacia la estación donde nos esperaba un convoy de vagones para ganado. Los gendarmes húngaros nos hicieron subir a razón de ochenta personas por vagón. Nos dejaron algunas hogazas de pan, algunos baldes de agua. Controlaron los barrotes de las ventanillas para verificar si eran fuertes. Los vagones fueron sellados. En cada uno se había designado un responsable: sería fusilado si alguien escapaba. Se fueron. Las puertas volvieron a cerrarse. Habíamos caído en la trampa hasta el cuello. Las puertas estaban clavadas, el camino de retorno definitivamente cortado. El mundo era un vagón herméticamente cerrado”.

Elie Wiesel sobrevivió a tres campos de concentración distintos Auschwitch, Bruna y Buchenwald. En sus vivencias Wiesel nos deja su dolor como niño al perder su identidad como ser humano y como judío pero también nos invita a pensar con conocimiento y especialmente a unirnos para la construcción de una paz justa.

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