Antes de que anochezca

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“Había empezado ya mi autobiografía en Cuba. La había titulado Antes que anochezca, pues la tenía que escribir antes de que llegara la noche ya que vivía prófugo en un bosque. Ahora la noche avanzaba de nuevo en forma más inminente. Era la noche de la muerte. Ahora sí que tenía que terminar mi autobiografía antes de que anocheciera. Lo tomé como un reto. Y seguí así trabajando en mis memorias.”

Así explica Reinaldo Arenas el porqué del título de este libro autobiográfico, la última obra que saldría de su pluma antes de suicidarse en Estados Unidos. El libro abarca desde la historia de su nacimiento, de una infancia pobre rodeado de primos ilegítimos o abandonados como le ocurrió al propio Arenas, su adolescencia, la Revolución y la historia de su exilio hasta llegar a sus últimos momentos de vida. Sin embargo, la intención de Arenas era mostrarnos la historia literaria de un país, de sus amores homosexuales y de la persecución a la que se vio sometido.

Arenas muestra sus vivencias personales, las de un hombre sencillo y sensible que podría haber representado una generación entera, la cual vivió dos dictaduras, creyó y se desilusionó. Arenas fue perseguido, encarcelado y finalmente exiliado. Los enemigos le rodearon siempre, pero le acabó venciendo uno más poderoso que la naturaleza humana, el SIDA.

Llevada al cine y nominada a los óscars, tanto la novela como la película son el ejemplo de un hombre luchador y artístico pero sobre todo de una verdad que muy pocos conocen.

“Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy.

Firmado,
Reinaldo Arenas”

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Pasados por agua

Wet Dog es una serie de retratos dedicada al mundo canino  justo en el momento en el que estos  están siendo bañados. Antes de que cada animal tenga la oportunidad de sacudirse el agua de la piel, la fotógrafa francesa Sophie Gamand aprieta el botón  para captar lo mejor de estos animales. Aprovechando el exceso de agua, el pelo adquiere un aire pictórico, obteniendo como resultado unas fotografías curiosas a la par de humorísticas. Esta colección es una de otras tantas que su autora ha realizado a los perros, sin embargo, éste no es el único animal en el que Gamand ha puesto su objetivo pues también están presentes los gatos  entre otros animales.

La idea principal de este proyecto es la de recoger fondos para mantener a los animales tanto en higiene como en alimentación, pero al mismo tiempo es la de acercar el mundo perruno al ojo humano y  reflejar así la relación que existe entre el hombre y el animal. Lo que pretende Sophie Gamand es buscar lo humano en la expresión de estos perros, en el brillo de sus ojos o en su “sonrisa”, pero no por ello atribuirles rasgos específicos de la raza humana, puesto que simplemente trata de capturar lo que ya está ahí. ¡Qué lo disfrutes!

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Food art

Cuando alguien es creativo se nota. No hace falta que sea un gran artista, simplemente es alguien que hace grandes las cosas más pequeñas o por resumir, aplica unas ideas que no son las más comunes. Ese puede ser el caso de David Laferriere. Laferriere es un diseñador gráfico que cada mañana hace una ilustración en la bolsa de plástico en la que envuelve los sándwiches de sus hijos, luego les saca una foto y la publica en flick, pero estos dos niños solo pueden ver el dibujo a la hora del almuerzo.

Lo que puede que empezase en el año 2008 como una idea sin grandes aspiraciones, es hoy, 2013, un proyecto de 1100 dibujos por el que han pasado robots, monstruos, dinosaurios, pájaros y un sin fin de personajes.

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Mientras que a unos les da por los sándwiches a otros les da por los fideos. Parece que la comida es un gran recurso, desde los spaghetti, a los macarrones, pasando por un hombre de pasta dispuesto a dar un salto mortal. He podido encontrar cientos de fotos de este estilo, pero me limito a cuatro como ejemplo. Quizá la próxima vez sean alcachofas o mandarinas. Los artistas lo dirán.

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Wengenn in Wonderland

Queenie Liao es una fotógrafa californiana que además de artista es madre. Cuando nació su hijo, Liao empezó un proyecto donde su punto de vista se centró en los sueños del pequeño Wengenn.

Cada vez que Wengenn se echa la siesta, su madre se imagina sus sueños y recrea con un puñado de telas, mantas, libros y peluches un escenario mágico donde después coloca al niño para fotografiarlo.

Lo que empezó como un pasatiempo para su madre que le permitía recrear los millones de ilustraciones que reconoce haber mirado en su infancia es hoy un conjunto de más 100 fotografías que componen Wengenn un Wonderland, el maravilloso crecimiento de este niño desde los 3 meses, a los tres años.

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