100 años de Julio Cortázar

En 2014 se conmemora el centenario del nacimiento del escritor Julio Cortázar. Son muchos los homenajes que ya se hicieron el año pasado, ya que Rayuela, su obra cumbre, cumplía 50 años. París, su ciudad de residencia durante décadas y escenario de sus mejores relatos ha querido celebrarlo con una exposición fotográfica que recoge los pasos del argentino por la ciudad: 

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Estas son cuatro de otras tantas fotografías que componen la exposición, pero como a un escritor solo se le puede recordar leyéndole, por mi parte, he recopilado algunas de sus citas más famosas: 

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”

“La explicación es un error bien vestido.”

“La melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas. Cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite.”

“Todo dura siempre un poco más de lo que debería.”

“Y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie, delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes, y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro.”

“Todo hay que volver a inventarlo,[…], el amor no tiene por qué ser una excepción.”

“Piensa en ésto, cuando te regalan un reloj te regalan algo que es tuyo pero que no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan la tendencia a comparar un reloj con los demás relojes,… no te regalan un reloj, tú eres el regalado.”

“Lo que llamamos absurdo es nuestra ignorancia.”

“Y diré las palabras que se dicen, y comeré las cosas que se comen, y soñaré las cosas que se sueñan, y sé muy bien que no estarás.”

“Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: “es como una flor”

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