The red convertible

Hace un par de meses tuve la oportunidad de leer este relato corto de la autora estadounidense Louise Erdrich. Tengo que confesar que empecé a leerlo sin muchas aspiraciones. El titulo me hizo pensar que la historia iba sobre coches y no me resultaba muy motivador, pero más allá de mis prejuicios, he de decir que es un cuento de tan solo ocho páginas que me hizo querer leerme la antología entera, Love Medicine, la cual ganó el National Book Critic Circle Awards for Fiction.

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Louise Erdrich que es de origen alemán e indio, tiene muy presente sus orígenes reflejando a través de breves historias interconectadas la vida de la comunidad Chippewa. En este caso, The red convertible nos acerca de una forma poética a la par de realista a las consecuencias de la guerra de Vietnam en los jóvenes indios que tuvieron que combatir violentamente durante años.

Erdrich demuestra sin duda su ingenio y estilo. El relato  nos cuenta la historia de dos hermanos indios que compraron un coche juntos, poco antes de que el mayor, Henry, tuviera que marcharse  a combatir en Vietnam. El famoso descapotable rojo será el símbolo de la relación entre ambos hermanos, de sus altos y sus bajos.  Así, progresivamente, a través de las palabras y sentimientos de Lymann, sus desasosiegos y pesadumbres,  vemos el deterioro y la confusión mental de Henry tras su vuelta a casa. Los esfuerzos de Lymann por recuperar la antigua naturaleza de su hermano acabarán con un triste y dramático final. Mediante poderosas imágenes, un profundo estilo poético y una gran simbología Erdrich logra atrapar a los lectores y revelarles la crudeza de la guerra y sus secuelas, en la mayoría de los casos, irreversibles.

When he came home, though, Henry was very different, and I’ll say this: the change was no good. You could hardly expect him to change for the better, I know. But he was quiet, so quiet, and never comfortable sitting still anywhere but always up and moving around. I thought back to times we’d sat still for whole afternoons, never moving a muscle, just shifting our weight along the ground, talking to whoever sat with us, watching things. He’d always had a joke, then, too, and now you couldn’t get him to laugh, or when he did it was more the sound of a man choking, a sound that stopped up the throats of other people around him. They got to leaving him alone most of the time, and I didn’t blame them. It was a fact: Henry was jumpy and mean. (Erdrich 197)

Love Medicine, el libro que compila estas y otras historias interrelacionadas entre sí, es una meditación sobre el amor y sus múltiples vertientes —en este caso fraternal— así como un análisis de las dificultades de este grupo étnico durante los últimos sesenta años.

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Puedes leer el relato en el siguiente enlace (English version): The red convertible

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Pan y letras

Según parece los orígenes del pan datan de la prehistoria. Posiblemente una masa fermentada al sol o abandona cerca de una hoguera por error. Pero el error dio buenos frutos y gracias a eso tenemos un alimento milenario alabado durante siglos de literatura. Según dicen, el filósofo Demócrito logró prolongar su vida tres días gracias al olor del pan, el Lazarillo robaba pan al clérigo del baúl, Neruda le dedicó una de sus odas elementales, el desencadenante de Los Miserables de Víctor Hugo fue un robo de pan y Azorín  dejó una larga lista con los tipos de pan conocidos en la época cuando los recordaba durante su exilio en París: “hogaza, mollete, rosca, libreta, tetera, morena, oblada, bodigo, zatico, cantero, corrusco, pan leudado, o con levadura, o leuda; pan ácimo o cenceño, sin levadura, pan pintado, en fin, pan con adornos o dibujos trazados con la pintadera. Y si hay pan blanquísimo, pan candeal, también hay pan sustancioso, pan moreno, bazo o prieto”. El refranero nos dejó una hogaza entera de frases y los cuentos tradicionales solo las migas, como las de Pulgarcito.

Y como no solo de pan vive el hombre…

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Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.

Me parece nuevo o como no visto,
y otra cosa que él no me ha alimentado,
pero volteando su miga, sonámbula,
tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia
y por eso él así me ha llamado;
y no hay nadie tampoco en la casa
sino este pan abierto en un plato,
que con su cuerpo me reconoce
y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas
el mismo pan en cien hermanos:
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,
pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado…

Después le olvidé, hasta este día
en que los dos nos encontramos,
yo con mi cuerpo de Sara vieja
y él con el suyo de cinco años.

Amigos muertos con que comíalo
en otros valles, sientan el vaho
de un pan en septiembre molido
y en agosto en Castilla segado.

Es otro y es el que comimos
en tierras donde se acostaron.
Abro la miga y les doy su calor;
lo volteo y les pongo su hálito.

La mano tengo de él rebosada
y la mirada puesta en mi mano;
entrego un llanto arrepentido
por el olvido de tantos años,
y la cara se me envejece
o me renace en este hallazgo.

Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado…

Gabriela Mistral
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Diario de una dama de provincias

La vida en el campo nunca debió ser fácil y menos para Delafield, hija de un conde y de una novelista famosa. Tras pasar por un convento, vivir en Nigeria, Ceilán y Malasia y publicar varias novelas, el irse a vivir al campo con su marido y sus dos hijos no debió hacerle mucha gracia. Así lo reflejan sus columnas en la revista femenina Time and Tide que hoy forman parte de Diario de una dama de provincias, publicado por Libros del Asteroide en 2013.

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Conseguir que tus bulbos de tulipán sobrevivan, cuidar de dos niños y un marido, recibir parientes y visitas, sobrellevar a la institutriz francesa, lidiar con la cocinera malhumorada, hacer malabares con una pésima economía familiar y sobrellevar  a tu elegante y altiva vecina, Lady B., es el pan de cada día de la protagonista de esta historia. Gracias a sus relatos cotidianos conocemos un poco más la época y descubrimos que detrás de sus pensamientos superficiales hay profundas reflexiones.  Con el más clásico humor inglés y una gran ironía, la autora refleja el acartonamiento y la frivolidad de la época bajo la mirada de una atípica heroína que está muy lejos de ser la clásica y perfecta ama de casa.

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Diario de una dama de provincias nos revela, aunque cómicamente,  las preocupaciones, sueños, agobios, triunfos y pequeñas luchas de una mujer corriente, pero culta, del periodo de entreguerras. Quizá, ahí radique su éxito, en mostrar la verdadera naturaleza femenina sin el aplastante agobio de la perfección. Sus desvelos continúan en La dama de provincias prospera y en La dama de provincias en América. Curiosamente, décadas después, su hija Rosamund también publicó un libro semiautobiográfico con las vivencias de una mujer de los años cincuenta.

Estas columnas que nacieron sin mucho afán renombre, escritas con sencillez e inteligencia son la obra más famosa de la autora, y sin duda, unas 215 páginas que cualquier lector que se precie debería leer.

«Llevo a cabo mi acostumbrado truco de prestidigitación y transfiero un buen pedazo de caramelo del platillo al bolso. Cuando nos estamos despidiendo con nuestros elegantes discursos habituales, se me abre desgraciadamente la hebilla del bolso y el pedazo de caramelo cae con violencia y estrépitos increíbles al parqué. (…) Robert se lo toma bien, en general, y en el camino de regreso se limita a preguntarme si me parece que van a volver a invitarnos alguna vez a esa casa».

«Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud».

«Duda, básicamente retórica: ¿Por qué la gente dice tantas veces de las mujeres casadas, con hijos y sin profesión que llevamos una vida “desahogada”? No encuentro respuesta».

Los inicios de los escritores

Septiembre parece ser el mes de los comienzos. Después de enero, este es el mes de los nuevos propósitos después de las vacaciones o con el nuevo inicio de curso. Según Truman Capote:

“Aprils have never meant much to me, autumns seem that season of beginning, spring”.

Y como los principios nunca fueron fáciles, para los escritores tampoco fue muy diferente. A continuación os dejo algunos de los primeros trabajos que desempeñaron algunos de los autores más célebres de la literatura universal:

  • Charles Dickens: Uno de los más célebres de la literatura decimonónica, fue un pequeño Oliver Twist trabajando como peón en una fábrica de zapatos diez horas al día. Ganaba unas 16 libras actuales, las cuales iban destinadas a pagar las deudas de su padre mientras este estaba en prisión. Aunque más tarde trabajó como periodista, su primer empleo le permitió conocer a gente que más tarde sería personajes de sus novelas.
  • Agatha Christie: Durante la primera guerra Mundial, trabajó como voluntaria curando a los heridos de guerra. Gracias a esto, cuando acabó la guerra pudo trabajar como ayudante en una farmacia. Mucho de lo que aprendió, hoy lo podemos leer  en sus famosos fantásticas novelas de asesinatos.

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  • Stephen King: Trabajó como encargado de mantenimiento en una escuela. El tiempo que pasó empujando el carrito de la limpieza le ayudó a la hora de escribir una de las escenas más famosas de su novela Carrie.
  • T. S. Elliot: Trabajó como administrativo en un banco. El tiempo que empleaba en ir de casa al trabajo le permitió escribir algunos de sus más célebres pasajes.
  • Jack Kerouac: El famoso autor de On the road hizo trabajos de lo más variopintos, fregó platos en un restaurante, trabajó en una gasolinera, fue vigilante nocturno y recogió algodón.
  • Jack London: Quién iba a decir que el creador de Colmillo blanco pasó su juventud robando ostras de granjas ajenas para después venderlas en el gran mercado de Oakland.

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  • William Faulkner: El ganador del premio novel de literatura trabajó como cartero. Gracias a eso, pudo leer las revistas que tenía entregar a sus correspondientes destinatarios. Según dicen, no era muy bueno en su trabajo, ya que “perdía” los paquetes continuamente.

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  • Robert Frost: Además de dar clases, fue repartidor de periódicos y trabajó en una fábrica cambiando los filamentos de las bombillas fundidas. Más tarde Robert Frost recibió el premio Pulitzer.

Por eso, en la literatura y en la vida, no perseguimos finales, sino comienzos.

Libro de reclamaciones

Libro de reclamaciones, un nombre un tanto extraño para un libro, pero sin duda fue su titulo y su cubierta lo que más me atrajo en un primer momento, y no me equivoqué. En cuanto abrí el libro y leí la primera raclamación de Tutankamón tuve que hacer un esfuerzo por no reírme y no parecer la clásica loca. Me atrapó desde el principio y tuve que seguir leyendo.

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Este libro, publicado por Léeme libros en abril del 2015, es un tanto peculiar ya que sus autores, Marina Pérez y Dani Niño,  nos ofrecen la otra cara de la historia o quizá la otra posible historia que podría haber sido y no es desde los inicios hasta nuestra actualidad. Libro de reclamaciones, es precisamente eso, un conjunto de reclamaciones de personajes célebres donde defienden el lado menos conocido de muchos hechos clave desde Moisés a la perrita Laika, pasando por Hitler o incluso el carpintero de la mesa redonda del Rey Arturo luchando contra Ikea.

Como es lógico no se trata de una obra sesuda diseñada para los amantes de la historia más fiel, más bien podríamos considerarlo un libro de monólogos históricos donde los más jóvenes también pueden aprender algo, a pesar de tratarse de hechos ficticios. Como dicen los propios autores: “Hemos utilizado personajes históricos para poder dar alguna colleja a personajes actuales. Al final te das cuenta que no hemos evolucionado tanto”.

Así que si buscas un libro que te entretenga y te haga pasar un rato agradable, este es tu libro, una obra muy en la línea de los Diarios de Adán y Eva de Mark Twain donde hasta la mismísima bibliografía de obras consultadas es una auténtica e hilarante patraña. ¡Qué disfrutes!

   A mis nietos y bisnietos, que conforman lo que viene siendo la hu­manidad al completo:
   Quiero limpiar mi imagen de las cosas que posiblemente hayáis oído sobre mí. Sé que hay un best seller que viene teniendo éxito desde hace algún tiempo, la Biblia. Me gustaría que no dieseis credibilidad a todo lo que se dice de mí en ella. El éxito de este libro pasará pronto, esto de la religión parece ser una moda pasajera. Lo sé porque en mi club de lectura no se hablaba de otra cosa, pero últimamente va cogiendo fama una nueva historia: 50 sombras de un eunuco (unas tablas inscritas que tratan sobre un hombre al que le gusta seducir mujeres, pero que, a la hora de la verdad, resulta ser algo decepcionante).
   Volviendo al tema que nos ocupa, si no habéis leído la Biblia, lo cual no es de extrañar dado el alto nivel de analfabetismo de nuestros días, es posible que hayáis escuchado algunas historias. Hacedme caso, todo lo que se dice es mentira, falsos testimonios sobre vuestra respetada y querida abuela. Y espero de vosotros que limpiéis mi nombre, porque debéis saber que esto es algo que afecta a toda la familia, por no hablar del lugar tan poco respetable en el que deja a las mujeres en general. […]
Dios dijo que la culpa era de los dos, pero adivinad qué. A mí me castigo diciendo que pariría con dolor y a él que del polvo vendría y en polvo se convertiría. Decid la verdad, ¿no veis los castigos algo descompensa­dos? Por no hablar de la actitud inmadura de un Dios que se supone que debe cuidar de todos nosotros. ¿Qué es eso de parirás con dolor? ¿Qué eres, un Dios o una gitana enfadada porque no te he pagado la ra­mita de romero? Esto último fue justo lo que le dije y claro, no se lo tomó muy bien, así que yo ahora también me convertiré en polvo. Por eso mi afán de defenderme, porque veo que me muero y que mi nombre quedará mancillado para siempre.
   Así que pido que, leáis lo que leáis, intentéis pensar por vosotros mis­mos. Ese libro no hace más que airear nuestros problemas familiares y quiero que sepáis que me marcho, pero que dejo todo en manos de mis abogados. Es una vergüenza que un libro trate de hacer dinero con nuestras miserias. Vale que Caín le reventó la cabeza a Abel con la quijada de un burro, pero las riñas entre hermanos pasan hasta en las mejores familias. Repito que menos mal que la Humanidad está evolucionando y en el futuro será impensable que se vayan aireando las intimidades de la gente célebre sólo para hacer negocio.
   Os quiero y espero que esta carta haya servido para que tengáis una idea más aproximada de cómo era vuestra verdadera abuela y bis­abuela. Una mujer a la que no controlaba ni Dios, nunca mejor dicho.
Eva (Sin apellidos por ser la primera)

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De lanas

Hace un par de años o quizá algo más, los países nórdicos empezaron a recuperar la práctica de tejer o hacer crochet. Si uno piensa un poco, la respuesta de porqué algo que era considerado propio de ancianitas aburridas ha vuelto para quedarse es fácil, el slowlife. La corriente slow nació en los años ochenta, pero verdaderamente ha sido en los útimos años en los que la gente ha empezado a tomar conciencia de los beneficios de hacer las cosas por uno mismo. La corriente slow, o más bien la filosofía, es la misma que defiende la comida casera, o los jabones artesanales o por ejemplo el uso de productos de belleza naturales.

índice

Hacer crochet, lejos de ser un mero hobby, puede aportarte ciertos beneficios que paso a enumerate, y si eres de esas personas a las que les encanta utilizar las manos, es muy posible que esto te interese:

  1. Lo más evidente es que reduce el estrés. Es una tarea mecánica que te permite hacerla sin pensar demasiado, ayudándote a relajarte, como un mantra.
  2. Te permite usar los dos hemisferios del cerebro, mejorando la coordinación cerebral.
  3. Potencia la creatividad, permitiendote crear diseños adaptados a tus gustos y necesidades.
  4. Mejora tu ánimo, por un lado, el hecho de aprender una nueva actividad y lograr terminar un proyecto, te reportará satisfación personal y, por otro lado, existen muchos grupos de gente que se reune para tejer en grupo o para hacer proyector benéficos. Por ejemplo la manta de la vida, un grupo de gente que tejía mantas para enviarlas a los refugiados sirios.
  5. Mejora la motricidad manual. Además de ayudarte a ser más hábil, ciertas enfermedades como la artrosis o el túnel carpiano puede verse favorecida gracias al movimiento evitando el engarrotamiento o la rigidez.

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Espero haberte convencido un poquito. Te animo a que visites algunas de estas webs donde podrás descubrir proyectos interesantes desde cero.

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We are Knitters Tienen patrones y tutoriales de crochet y a dos agujas. Ven packs completos y además defienden las lanas de origen natural y orgánico.

Santa Pazienzia Estefa diseña bolsos de trapillo y trapillo pluma y además ofrece tutoriales en YouTube.

Susimiu Si te gustan las alfombras, pásate por su web, le ha dado una vuelta a la alfombra tradicional.

Bluü Vídeo tutoriales semanales.

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