Diario de una dama de provincias

La vida en el campo nunca debió ser fácil y menos para Delafield, hija de un conde y de una novelista famosa. Tras pasar por un convento, vivir en Nigeria, Ceilán y Malasia y publicar varias novelas, el irse a vivir al campo con su marido y sus dos hijos no debió hacerle mucha gracia. Así lo reflejan sus columnas en la revista femenina Time and Tide que hoy forman parte de Diario de una dama de provincias, publicado por Libros del Asteroide en 2013.

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Conseguir que tus bulbos de tulipán sobrevivan, cuidar de dos niños y un marido, recibir parientes y visitas, sobrellevar a la institutriz francesa, lidiar con la cocinera malhumorada, hacer malabares con una pésima economía familiar y sobrellevar  a tu elegante y altiva vecina, Lady B., es el pan de cada día de la protagonista de esta historia. Gracias a sus relatos cotidianos conocemos un poco más la época y descubrimos que detrás de sus pensamientos superficiales hay profundas reflexiones.  Con el más clásico humor inglés y una gran ironía, la autora refleja el acartonamiento y la frivolidad de la época bajo la mirada de una atípica heroína que está muy lejos de ser la clásica y perfecta ama de casa.

9788415625537

Diario de una dama de provincias nos revela, aunque cómicamente,  las preocupaciones, sueños, agobios, triunfos y pequeñas luchas de una mujer corriente, pero culta, del periodo de entreguerras. Quizá, ahí radique su éxito, en mostrar la verdadera naturaleza femenina sin el aplastante agobio de la perfección. Sus desvelos continúan en La dama de provincias prospera y en La dama de provincias en América. Curiosamente, décadas después, su hija Rosamund también publicó un libro semiautobiográfico con las vivencias de una mujer de los años cincuenta.

Estas columnas que nacieron sin mucho afán renombre, escritas con sencillez e inteligencia son la obra más famosa de la autora, y sin duda, unas 215 páginas que cualquier lector que se precie debería leer.

«Llevo a cabo mi acostumbrado truco de prestidigitación y transfiero un buen pedazo de caramelo del platillo al bolso. Cuando nos estamos despidiendo con nuestros elegantes discursos habituales, se me abre desgraciadamente la hebilla del bolso y el pedazo de caramelo cae con violencia y estrépitos increíbles al parqué. (…) Robert se lo toma bien, en general, y en el camino de regreso se limita a preguntarme si me parece que van a volver a invitarnos alguna vez a esa casa».

«Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud».

«Duda, básicamente retórica: ¿Por qué la gente dice tantas veces de las mujeres casadas, con hijos y sin profesión que llevamos una vida “desahogada”? No encuentro respuesta».

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