La gente cultivada

No hace mucho leí La dama del perrito, y aunque es un cuento de unas 10 páginas, no dejó de impresionarme. Diez páginas que ya desearían muchas novelas.  Después de esta historia, que yo resumiría en “no es lo que cuenta sino como lo cuenta” -porque historias de adulterios en la literatura rusa conocemos unas cuantas-,, mi siguiente lectura fue El jardín de los cerezos, otro clásico trágicocómico que no puede pasar desapercibido. Queda claro que Chéjov era un gran autor, pero también un hombre de gran inteligencia y profundid. Para más pruebas, está esta carta de Chéjov a su hermano en la que describe las ocho características de la gente culta. Poco más hay que añadir.

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“Moscú, 1886.

¡Te me has quejado a menudo de que la gente “no te entiende”! Goethe y Newton no se quejaban de eso… solo Cristo se quejaba de eso, pero Él estaba hablando de Su doctrina y no de Sí mismo… La gente te entiende perfectamente bien. Y si tú no te entiendes a ti mismo, no es su culpa.

Te aseguro como hermano y como amigo que te comprendo y que te percibo con todo mi corazón. Conozco tus cualidades tan bien como conozco los cinco dedos de mi mano; las valoro y las respeto profundamente. Si quieres, y para demostrar que te entiendo, puedo enumerar dichas cualidades. Creo que eres amable hasta la dulzura, magnánimo, generoso, dispuesto a compartir hasta el último céntimo; no sientes envidia ni odio, eres simple de corazón, compadeces a hombres y animales, eres confiado, sin rencores ni estratagemas, y no tienes nada de maldad… Además, has recibido un don que mucha otra gente no: tienes talento. Tu talento te sitúa por encima de millones de hombres, pues en la tierra solo uno de cada dos millones de personas es artista. Tu talento te coloca aparte: si fueras un sapo o una tarántula, incluso así, la gente te respetaría, pues por el talento todo se perdona.

Solo tienes un defecto, y la falsedad de tu situación, y tu tristeza, y tus gastroenteritis se deben solo a eso. Y es tu falta de cultura. Perdóname, por favor, pero veritas magis amicitia… Ya sabes, la vida tiene sus condicionantes. Para sentirse cómodo entre gente refinada, para estar en su casa, para ser feliz con ellos, uno debe culturivarse hasta cierto punto. El talento te ha metido en ese círculo, perteneces a él, pero.. al mismo tiempo te sientes expulsado y vacilas entre estar con la gente culta o quedarte con sus inquilinos.

La gente cultivada debe, en mi opinión, cumplir las siguientes condiciones:

1. Respetan la personalidad humana y, por eso son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No discuten por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien que no les gusta y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.

2. No sólo tienen simpatía por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P., para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.

4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten ni siquiera en las pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No suelen barbotear ni fuerzan a nadie a escuchar inconveniencias. Por respeto a los oídos de los demás, callan más frecuentemente de lo que hablan.

5. No se menosprecian para despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que se sientan culpables y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto un segundo plato” porque todo eso es demasiado facilón, es vulgar, rancio, y falso.

6. No tienen vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P.*, por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas… Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos… Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov** dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.

7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad … Se sienten orgullosos de su talento. Pueden llegar incluso a ser molestos.

8. Comienzan por desarrollar el sentido estético en sí  mismos. No pueden ir a dormir con la misma ropa que usaron durante el día, ni ver las grietas de las paredes llenas de insectos, ni respirar un aire viciado, ni caminar por un suelo recién escupido, ni cocinar sus alimentos sobre una estufa de aceite. Intentan por todos los medios contener y ennoblecer el instinto sexual. Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama… No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, el instinto maternal. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no olisquean el armario de la cocina en busca de bebida, porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben sólo estando libres y en ocasiones especiales. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano.

Y así sucesivamente. Así es como son las personas cultivadas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído ‘Los papeles del club Pickwick o haber memorizado el monólogo de ‘Fausto’ ... Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, ejercitar tu voluntad. Cada hora es preciosa para ti. Ven con nosotros, tira la botella de vodka, descansa y lee… Turgenev, si quieres, a quien además no has leído.

Tienes que deshacerte de tu vanidad, ya no eres un niño… pronto tendrás treinta.

¡Es hora!

Te espero… Todos nosotros te esperamos”.1900_yalta-gorky_and_chekhov

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Pigmalión de Bernard Shaw

Hace unas semanas terminé de leer Pigmalión (Pygmalion, 1913) de Bernard Shaw y no puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura, especialmente si te interesa el mundo del lenguaje o el análisis del comportamiento humano. Si has visto My Fair Lady es posible que ya conozcas el argumento, aunque hay algunas variaciones entre el texto y la película. Pygmalion sería la puesta en práctica de la frase de Coco Chanel: “No es la apariencia, es la esencia”: Eliza Doolittle, una humilde vendedora de ramilletes, decide tomar clases de fonética para mejorar su lenguaje y pronunciación y así escalar socialmente y conseguir su sueño, trabajar en una floristería.

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Cuando Eliza acude a casa de los dos caballeros expertos en fonética, estos lo consideran un experimento y acceden de grado. Eliza se aplica en su aprendizaje y, al cabo de los meses, esta mejora notablemente hasta lograr pasar por una auténtica dama. La obra de teatro refleja la evolución lingüística de la protagonista, pero Shaw, quiso ir más allá. ¿Una vez que una persona se educa, puede volver a su vida anterior? Eliza ha cambiado no solo su pronunciación, también su interior.

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Posiblemente, sin cultura, su vida era más sencilla, pero no peor. Sus profesores, al tiempo que la educan y transforman en una verdadera dama, le exigen tareas domésticas como traer las zapatillas o recordarles las cosas. Es decir, la mujer  se transforma, pero no puede hacer nada con sus conocimientos y lo que la sociedad verdaderamente espera de ella es que se case con un hombre adinerado como el profesor. Sin embargo, gracias a su inteligencia y a sus nuevas inquietudes, Eliza decide casarse, pero casarse por amor y utilizar sus conocimientos para enseñar a otros al tiempo que se mantendrá por sus propios medios.

Pygmalion, que recibe su nombre del mito griego en el que el hombre intenta crear una mujer perfecta de mármol en la que confluyan todas las virtudes femeninas que se convierte en humana gracias al amor de su creador (el famoso efecto pigmalión: una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo), es en mi opinión un guiño a las mujeres y su independencia.

Tampoco se puede olvidar que la obra se apoya en varios tópicos; el primero es que el hombre y la mujer se necesitan mutuamente, el hombre culto e inteligente necesita a una mujer que le ayude a organizarse y a la vez la mujer necesita de alguien que la mantenga y, en segundo lugar, al igual que en la obra de Mary Shelly —Frankestein— la criatura se revela y demuestra superar al maestro soberbio, pues como explica el autor, quiso ir más allá del clásico final feliz.

Shaw, de origen humilde tras la lectura de Marx, defendió el cambio social a través del lenguaje y el teatro didáctico, la moralización mediante la cual conseguiría el sufragio universal o un reparto igualitario de rentas.  En la obra, el padre de Eliza, un vago que siempre vivió de pedir a los demás y capaz de vender a su hija para mantener su vida trasnochada recibe una gran cantidad de dinero, pero su esencia y su carácter no cambia demostrando que la clave es la educación y solo a través de ella se consigue un progreso social.

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Queda claro que Pigmalión es una obra profunda que no podemos dejar pasar por alto.

Recetas en tiza

El arte de la caligrafía se remonta a tiempos inmemorables, escribir de forma artística e impecable es algo que muy pocos logran conseguir con la maestría suficiente. En los últimos años, el lettering o el arte de dibujar letras ha ido ganando peso hasta convertirse en tendencia viral. Si a esto le sumamos el decrubrimiento del chalkboard (o pizarras de pintura) y interés por la vida sana y la buena cocina tenemos como resultado un montón de recetas de lo más creativas.

Aquí abajo encontrarás un puñado de ejemplos que además de alegrarte la vista, si te animas a hacerlas, incluso te alegrarán el paladar. Bon appetit!

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Etimologías del corazón

La etimología es la especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras. Muchos términos tienen orígenes curiosos y llamativos y otros son incluso poéticos. Conocer el significado de las palabras, es conocer la esencia del pensamiento humano. En la antigüedad, muchos estudiosos pasaban sus vidas intentando averiguar los orígenes y significados más profundos  del lenguaje ya que eran conscientes de que este conocimiento nos hace emplear las palabras de forma más sabia y cautelosa, sin olvidar la gran mejora que suponía para la traducción de escrituras latinas y griegas.

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Esta entrada está dedicada al corazón y todo lo que trae consigo. La palabra corazón proviene de la palabra latina COR, CORDIS, que a su vez tiene sus orígenes en las lenguas  indoeuropeas. En castellano, la palabra corazón (que al principio se escribía coraçon) apareció por primera vez hacia el año 1100. En la siguiente lista encontrarás diez palabras cotidianas derivadas de COR, CORDIS que quizá no conocías tan bien como pensabas:

  1. ACORDAR: De la unión de ad y cord. Al unirse con la preposición, cord se traduce literalmente como: la acción de unir los corazones (o dicho de otra forma, llegar a un acuerdo).
  2. RECORDAR: El prefijo re significa volver, por lo tanto, recordar es volver a pasar por el corazón. Recordar a alguien, es tenerlo presente en el corazón. Curiosamente se creía que el origen de la memoria era el corazón y no la cabeza. En italiano, olvidar se dice dimenticare, es decir, sacar del corazón.

El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. ORTEGA Y GASSET

  1. CORAJE: Significa echar el corazón por delante. En algunas zonas se dice que “algo te da coraje” cuando algo te molesta porque te produce una exaltación o palpitaciones.
  2. MISERICORDIA: Miser significa dolor, por ello, sentir misericordia hacia alguien es que te duela el corazón por él/ella.
  3. CONCORDATO: Literalmente, es el encuentro entre corazones (un encuentro entre personas, pareceres y sentimientos).
  4. DISCORDIA: Significaría dos corazones, es decir, el enfrentamientos de dos ideas o pensamientos. Para otros significa dis (oposión), es decir, corazones contrariados.
  5. ACORDE: literalmente significa ir hacia el corazón. En la Edad Media, acordar los instrumentos significaba afirnarlos, generalmente tomando como referencia otra voz o instrumento. Por ello, la palabra acorde tiene el componente estético implícito: cuando dos voces o instrumentos sonaban bien y producían una emoción conjuntamente. Hoy en día, un acorde musical es tocar varios sonidos al mismo tiempo produciendo una armonía.
  6. CUERDO/A: para los antiguos el corazón es el centro de la vida, la mente y el alma, por ello, el cuerdo era aquel que aplicaba el corazón (la mente) en sus acciones.
  7. INCORDIO: En el interior del corazón. El incordio es un tumor que solía salir a caballos y mulas delante del corazón, provocando una opresión bastante dolorosa hasta causar la muerte. Por lo tanto, de ahí se extendió su uso y por ello incordiar significa importunar, molestar.
  8. CORDIALMENTE: De la unión de cor y mente (a la manera o modo de). A la manera del corazón, con afecto.

Si te llamó la atención puedes leer las Etimologías aquí: Etimologías de San Isidoro PDF

Estas diez palabras demuestran que los saberes lingüísticos pueden carecer de utilidad práctica, pero no de belleza y enseñanza moral.

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