Pigmalión de Bernard Shaw

Hace unas semanas terminé de leer Pigmalión (Pygmalion, 1913) de Bernard Shaw y no puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura, especialmente si te interesa el mundo del lenguaje o el análisis del comportamiento humano. Si has visto My Fair Lady es posible que ya conozcas el argumento, aunque hay algunas variaciones entre el texto y la película. Pygmalion sería la puesta en práctica de la frase de Coco Chanel: “No es la apariencia, es la esencia”: Eliza Doolittle, una humilde vendedora de ramilletes, decide tomar clases de fonética para mejorar su lenguaje y pronunciación y así escalar socialmente y conseguir su sueño, trabajar en una floristería.

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Cuando Eliza acude a casa de los dos caballeros expertos en fonética, estos lo consideran un experimento y acceden de grado. Eliza se aplica en su aprendizaje y, al cabo de los meses, esta mejora notablemente hasta lograr pasar por una auténtica dama. La obra de teatro refleja la evolución lingüística de la protagonista, pero Shaw, quiso ir más allá. ¿Una vez que una persona se educa, puede volver a su vida anterior? Eliza ha cambiado no solo su pronunciación, también su interior.

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Posiblemente, sin cultura, su vida era más sencilla, pero no peor. Sus profesores, al tiempo que la educan y transforman en una verdadera dama, le exigen tareas domésticas como traer las zapatillas o recordarles las cosas. Es decir, la mujer  se transforma, pero no puede hacer nada con sus conocimientos y lo que la sociedad verdaderamente espera de ella es que se case con un hombre adinerado como el profesor. Sin embargo, gracias a su inteligencia y a sus nuevas inquietudes, Eliza decide casarse, pero casarse por amor y utilizar sus conocimientos para enseñar a otros al tiempo que se mantendrá por sus propios medios.

Pygmalion, que recibe su nombre del mito griego en el que el hombre intenta crear una mujer perfecta de mármol en la que confluyan todas las virtudes femeninas que se convierte en humana gracias al amor de su creador (el famoso efecto pigmalión: una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo), es en mi opinión un guiño a las mujeres y su independencia.

Tampoco se puede olvidar que la obra se apoya en varios tópicos; el primero es que el hombre y la mujer se necesitan mutuamente, el hombre culto e inteligente necesita a una mujer que le ayude a organizarse y a la vez la mujer necesita de alguien que la mantenga y, en segundo lugar, al igual que en la obra de Mary Shelly —Frankestein— la criatura se revela y demuestra superar al maestro soberbio, pues como explica el autor, quiso ir más allá del clásico final feliz.

Shaw, de origen humilde tras la lectura de Marx, defendió el cambio social a través del lenguaje y el teatro didáctico, la moralización mediante la cual conseguiría el sufragio universal o un reparto igualitario de rentas.  En la obra, el padre de Eliza, un vago que siempre vivió de pedir a los demás y capaz de vender a su hija para mantener su vida trasnochada recibe una gran cantidad de dinero, pero su esencia y su carácter no cambia demostrando que la clave es la educación y solo a través de ella se consigue un progreso social.

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Queda claro que Pigmalión es una obra profunda que no podemos dejar pasar por alto.

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