El gato quiere ser solo gato

Decía Bukowski de los gatos “me gusta lo poco que saben, que es mucho” y debía ser cierto porque uno se pone a mirar y encuentra cientos de relatos, poemas y libros protagonizados por gatos, por no hablar de todos los gatos famosos que podría enumerar. Así que como llega el fin de semana y seguro que te apetece leer, te dejo esta breve lista de libros de temática gatuna y, por qué no, un gran poema de Pablo Neruda que en pocas palabras consigue definir a estos felinos como pocos lo han hecho.

El gato que venía del cielo. Takashi Hiraide

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Soy un gato. Natsume Soseki

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Kafka en la orilla. Haruki Murakami

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El maestro y Margarita. Mijaíl Bulgákov

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El gato negro. Edgar Allan Poe

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El gato en el sombrero. Dr Seuss

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El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum. T. S. Elliot

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Desayuno en Tiffany´s. Truman Capote

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Simon´s cat. Simon Tofield

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Gatos ilustres. Doris Lessing

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Oda al gato

Los animales fueron imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.

El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

Pablo Neruda

 

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