Cartas de amor al desnudo

Decía Lope de Vega en uno de sus famosos sonetos “esto es el amor, quién lo probó lo sabe” y eso mismo pueden decir los protagonistas del post de hoy, grandes personalidades que si bien fueron capaces de crear algunas de las obras más famosas del panorama literario, artístico o musical, también escribieron cartas de amor inigualables. Desde que se publicara Hombres ilustres, sus cartas de amor –ya famoso por la película Sexo en Nueva York–, muchos lectores han podido comprobar la fuerza de este sentimiento a lo largo de los siglos sin importar condición, sexo o edad.

El primer manual de cartas de amor, escrito por un clérigo italiano, se alberga precisamente en Verona, una de las ciudades más famosas por la obra del célebre Shakespeare, y data ni más ni menos del siglo XII. Sin embargo, seguramente ninguno de estos célebres personajes tuvo que recurrir a él para expresar tan bellamente sus sentimientos en verso, en prosa e incluso en forma de telegrama.

Sin más rodeos, te dejo disfrutar con una selección de las letras más significativas donde hasta el mismísimo Napoleón llegó a olvidarse de sus grandes conquistas terrenales por otras más banales.

FANNY BRAWNE Y JOHN KEATS

Carta de John Keats a Fanny Brawne

Mi queridísima niña:

Me he puesto a pasar a limpio algunos versos, pero no me da ningún gusto trabajar. Tengo que escribirte una o dos líneas y ver si eso me ayuda a alejarte de mi espíritu aunque sea por unos instantes, no puedo existir sin ti. Todo lo olvido salvo la idea de volver a verte. Mi vida parece detenerse ahí: más allá no veo nada. Me has absorbido.

En este mismo momento tengo la sensación de estar disolviéndome…Si no tuviera la esperanza de verte pronto me sentiría en el colmo de la desdicha. Tendría miedo de separarme, de estar demasiado lejos de ti. Mi dulce Fanny, ¿no cambiará nunca tu corazón?, Amor mío, ¿no cambiarás? Alguna vez me asombró que los hombres pudieran ir al martirio por su religión. Temblaba de pensarlo. Ahora ya no tiemblo; podría ir al martirio por mi religión —El amor es mi religión—, y podría morir por él….

Me has cautivado con un poder que soy incapaz de resistir; y sin embargo lo era hasta que te vi; y desde que te he visto me he esforzado a menudo en razonar contra las razones de mi amor. Ya no puedo hacerlo, el dolor sería demasiado grande. Mi amor es egoísta. No puedo respirar sin ti….

CLARA APARICIO Y JUAN RULFO

Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.
Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.
Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.
Clara: corazón, rosa, amor…
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.
Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.
Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.
No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.
Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.
Lo han aprendido ya el árbol y la tarde… y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río…
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.

CHARLOTTE BRONTË

Carta de Charlotte Brontë

Monsieur, los pobres no necesitan mucho para sostenerse. Piden solamente las migas que caen de la mesa de los ricos. Pero si se les rechazan las migas mueren de hambre. Nadie —ni yo—, necesita mucho afecto de aquellos que ama.
No sabría qué hacer con una amistad entera y completa, no estoy acostumbrada a ella. Pero usted me demostró en otros tiempos un cierto interés, cuando era su alumna en Bruselas, y me mantengo aferrada a ese poco interés.
Me aferro a él como me aferraría a la vida.

FRANZ KAFKA Y FELICE

Carta de Franz Kafka a Felice Bauer

Querida: te pido con las manos alzadas que no sientas celos de mi novela. Cuando los personajes en la novela se dan cuenta de tus celos, se me escapan, más aun cuando sólo los tengo agarrados por la punta de sus vestidos.

Y ten en cuenta que, si se me escapan, tendría que correr tras ellos, aunque fuera hasta el mundo de las tinieblas, su verdadero hogar. La novela soy yo, mis historias soy yo. Así que, te ruego, ¿dónde existe el menor motivo de celos? De hecho, cuando todo lo demás está en orden, mis personajes se toman del brazo y corren a tu encuentro, para, en último término, servirte a ti. […] gracias a que escribo me mantengo con vida, me aferro a esa barca en la cual te encuentras tú, Felice. Ya resulta bastante triste que no consiga apartarme a ella. Pero comprende, Felice, que tendría que perderte a ti y a todas las cosas si alguna vez perdiera el escribir.

PABLO NERUDA Y MATILDE

Carta de Pablo Neruda a Matilde Urrutia

Amor mío, vida mía, es tarde aún, tu única carta en el bolsillo, no quiero romperla, la leo en los momentos más curiosos. Pero aunque tu corazón sea injusto quiero que funcione tu chasca. No debo escribirte desde aquí. Por eso solo cuando alguien viaja va mi carta. Pero esto sucede a lo lejos. Ahora por ejemplo y aunque la pieza está llena de gente y yo no he comido aun a esta hora de la noche, y estoy enfermo de cansancio te escribo no para consolarte sino para aprovechar el minuto que esperé por días y días. Yo confío en ti, y aunque no tenga sino tu silencio qué me importa, no por eso me iré de gira por el Perú, sé que eres mía y que soy tuyo y las cartas y las noticias sobran, nuestro amor llena todo, y cada cosa te hablará de mí a toda hora,y todo me trae noticias tuyas.
Te quiero mi amor, no seas perra, espérame
Tu Tuyo
Pasaremos juntos el 1° de año.

BALZAC

Carta de Balzac a Eva

Mi amado ángel,

Estoy loco por ti: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. Ya no puedo pensar en nada diferente a ti. A pesar de mí, mi imaginación me lleva a pensar en ti. Te agarro, te beso, te acaricio, mil de las más amorosas caricias se apoderan de mí.

En cuanto a mi corazón, ahí estarás muy presente. Tengo una deliciosa sensación de ti allí. Pero mi Dios, ¿qué será de mí ahora que me has privado de la razón? Esta es una manía que, esta mañana, me aterroriza (….).

Estoy abrumado por el amor, sintiendo amor en cada poro, viviendo solo por amor, y viendo cómo me consumen los sufrimientos, atrapado en mil hilos de telaraña.

EDITH PIAF

Telegrama de Edith Piaf a Marcel Cerdan

Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, eres magnífico. Abrázame con el pensamiento entre tus brazos y piensa que nada cuenta en el mundo aparte de tú y yo.

BYRON

Carta de Lord Byron a Teresa Guiccioli

Amor Mío, no hablemos más por ahora de este asunto. Basta que tú no dudes de mí, al ver de cuánto sería yo capaz por ti. Sea como sea y en cualquier circunstancia, tu felicidad será mi único pensamiento. Si llega el momento de los problemas y de los afanes por causa de nuestro amor, entonces tú decidirás según tus sentimientos. Yo no trataré de persuadirte, o de influir en tu elección. Mis “deberes”, queridísima Teresa, son siempre los mismos y me parece que demuestro toda la diligencia posible en cumplirlos. Todo depende de ti: mi vida, mi honor, mi amor. Ámame, pues lo que siento por ti merece ser correspondido: sufro tanto cuando amo que en los últimos tres años he procurado evitar las pasiones fuertes. Pero ha sido en vano, como ahora ves. Enamorarme de ti ha sido para mí cruzar el Rubicón y ha decidido mi destino. No dejaré de cumplir todo lo que tú dices. Te beso 1.000.000 veces.

LEON Y SOFIA TOLSTOI

Carta de León Tolstoi a Sofía Tolstoi

Desde hace largo tiempo, amada Sofía, sufro por el desacuerdo que hay entre mi vida y mis creencias. No puedo obligaros a cambiar ni vuestra vida ni vuestras costumbres; no he podido tampoco abandonaros hasta hoy, porque pensaba que, por mi alejamiento, privaría a nuestros hijos, todavía muy jóvenes de esta pequeña influencia que podría tener sobre ellos, y porque a todos os causaría mucho dolor.

Pero no puedo continuar viviendo como he vivido durante estos últimos dieciséis años, ora luchando contra vosotros y provocando vuestra irritación, ora sucumbiendo yo mismo a los influjos y seducciones a que estoy habituado y que me rodean.

He resuelto hacer ahora lo que quería hace tiempo: marcharme. Como los hindúes, que, cuando han llegado a los sesenta años, se van a un bosque; como cada hombre viejo y religioso que desea consagrar los últimos años de su vida a Dios y no a las bromas, a los juegos de palabras, a las habladurías y al “lawn tennis”; así también yo, que he llegado a los setenta años, deseo con todas las fuerzas de mi alma la paz, la soledad, y si no una armonía completa, por lo menos no este desacuerdo que clama entre mi vida toda y mi conciencia…

Tú principalmente, Sofía, déjame partir, no me busques, ni te disgustes ni me censures. El hecho de que te haya abandonado no prueba que tenga yo motivos de queja contra ti. Sé que tú no podías, que no podías ver ni pensar como yo, y por esto no has podido cambiar tu vida y hacer un sacrificio a lo que no me reconocías. Por eso no te censuro; antes por el contrario, me acuerdo con amor y gratitud de los treinta y cinco años largos de nuestra vida en común.

Pero en el último período, en los últimos quince años nuestros caminos se han separado. No puedo creer que yo sea culpable de ello; sé que si he cambiado no ha sido por mi gusto, ni por el mundo sino porque no podía obrar de otra manera. No puedo acusarte de no haberme seguido y te doy las gracias y me acordaré siempre con amor de cuanto me has dado. Adiós, mi querida Sofía. Te amo.

VOLTAIRE

Carta de Voltaire a Olimpia Dunover

Mi amada Olimpia,

Estoy aquí preso en el nombre del rey. Pueden tomar mi vida, pero no el amor que siento por ti. Sí, mi amante adorada, te veré esta noche, así tenga que poner mi cabeza en un atascadero para hacerlo.

Pero por todo el amor del cielo, no me escribas en los términos desastrosos que lo hiciste, debes vivir y ser cautelosa, guárdate de tu madre como de tu peor enemigo. ¿Qué digo? guárdate de todos, no confíes en nadie, mantente lista, tan pronto como la luna sea visible, saldré del hotel de incógnito, tomaré un carruaje o una silla y conduciremos como el viento a Sheveningen, llevaré el papel y la tinta conmigo y escribiremos nuestras cartas.

Si me amas, tranquilízate y llama a toda tu fortaleza y presencia de mente en tu ayuda, no dejes que tu madre note nada, intenta tener tus cuadros y estar segura de que la amenaza de las torturas más grandes no me impedirá cumplir, nada tiene la energía de apartarme de ti, nuestro amor se basa en la virtud, y durará mientras nuestras vidas lo hagan.

Adiós mi amor, no hay nada que yo no afronte por tu bien, te mereces mucho más que eso.

¡Adiós! mi corazón querido.

NAPOLEÓN Y JOSEFINA

 Carta de Napoleón a Josefina

No he pasado un día sin amarte; no he pasado una noche sin estrecharte en mis brazos; no he tomado una taza de té sin maldecir la gloria y la ambición, que me tienen alejado del alma de mi vida. En medio de las tareas, a la cabeza de las tropas, al recorrer los campos, mi adorable Josefina está sola en mi corazón, ocupa mi espíritu, absorbe mi pensamiento. Si me alejo de ti con la rapidez de la corriente del Ródano es para volverte a ver más pronto. Si, en plena noche, me levanto para trabajar, es porque ello puede adelantar en algunos días la llegada de mi dulce amiga, y no obstante, en tu carta del 23, del 26 Ventoso, me tratas de vous. ¡Tú misma me tratas de usted! ¡Ah, malvada! ¿Cómo has podido escribir esa carta? ¡Qué fría es!… ¡Ah, qué sucederá dentro de 15 días!… Adiós, mujer, tormento, dicha, esperanza y alma de mi vida, que amo, que temo, que me inspira sentimientos tiernos que me llaman a la Naturaleza y movimientos impetuosos tan volcánicos como el trueno. Yo no te pido amor eterno ni fidelidad, sino solamente…verdad, franqueza sin límites. El día en que digas te amo menos será el último de mi amor o el último de mi vida. Si mi corazón fuese bastante vil para amar sin ser correspondido lo destrozaría con mis dientes. ¡Josefina! ¡Josefina! Acuérdate de lo que te he dicho algunas veces: la Naturaleza me ha dado un alma fuerte y decidida.

Ella te ha hecho de encaje y gasa. ¿Has dejado de amarme?…

Napoleón Bonaparte

Puedes acceder al libro de cartas aquí: CASA DEL LIBRO y AMAZON

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s