Adoración por la cafeína

I will remember your small room
the feel of you
the light in the window
your records
your books
our morning coffee.
Raw With Love. Charles Bukowski

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Es miércoles por la mañana y lo primero que viene a nuestra mente es una dosis de cafeína: esas semillas vegetales que, según los monjes sufíes, alargaban la vida. Para los italianos hay hasta treinta y ocho tipos distintos: el capuccino, el ristretto, café con leche, vienna, americano, mocha, el bombón, frappé, irlandés, etc. Casi tantos tipos como escritores ilustres narcotizados por esta bebida.

Así le ocurrió a Voltaire, el día que probó el café de importación, cambió tanto su vida que llegó a arruinarse comprando sacos de café en grano. Su locura llegó a tanto que solía beber entre cuarenta y cincuenta tazas diarias de este maravilloso café con chocolate. Su médico estaba harto de decirle que su adicción le llevaría a la tumba, pero llegó a vivir 83 años.

Bethoveen tampoco se quedaba atrás y tras años tomando café finalmente encontró la mejor composición para su paladar: 60 granos molidos por taza.

Marcel  Proust optaba por sobrevivir solo a base de café. Según su ama de llaves, Proust solo consumía dos cuencos de café negro con leche muy caliente y dos croissants a lo largo del día.

El rey Luis XV de Francia también tenía un gusto especial. Su café era cultivado por él mismo en los jardines de Versalles. Su elaboración y tueste era medido con cuidado para que sus invitados probaran las mejores tazas.

Para Thomas Jefferson el café era la bebida de la gente civilizada, manifestando siempre su mayor desprecio hacia el té británico. Benjamin Franklin tampoco se quedaba atrás ya que extendió el hábito de frecuentar los coffee shops a lo largo de su carrera política.

En su lecho de muerte, Napoleón pidió una taza de café y su autopsia reveló granos de café en el estómago pero según él “I Would Rather Suffer with Coffee than be Senseless”.

Y por último no podía faltar Balzac, descrito como un trabajador infatigable y considerado  uno de los admiradores más pasionales del café, como bien podemos leer en sus obras.

“A partir de ese momento, todo se agita: las ideas se movilizan como los batallones de un gran ejército en el campo de batalla, y la batalla comienza. Los recuerdos llegan a paso de carga, desplegando sus banderas; la caballería ligera de las comparaciones desfila con un magnífico galope; la artillería de la lógica acude con sus carros y sus cartuchos de cañón; las agudezas llegan como tiradores; se forman figuras; el papel se llena de tinta; así, de principio a fin, la vigilia transcurre entre torrentes de agua negra como la pólvora de las batallas”.

 Balzac escribió ni más ni menos que 85 novelas en 20 años y de algún sitio tenía que sacar el tiempo. Para poder trabajar durante más de 15 horas diarias empezó a tomar café turco, pero cuando este dejó de hacerle efecto, empezó a tragar los granos de café con el estómago vacío. Con el tiempo fue asumiendo su problema y escribió El tratado de los excitantes modernos, pero a diferencia de lo que le sucedió a Voltaire, Balzac murió a los 51 años, según su médico por una afección cardiaca agravada por sus deseos de luchar contra el sueño y la noche.

En definitiva parece que el escritor alemán  Heinrich Eduard Jacob estaba en lo cierto: “A su manera, el descubrimiento del café es tan importante como la invención del telescopio o el microscopio, en razón de que el café intensificó y modificó inesperadamente las actividades y capacidades del cerebro humano”.

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Maneras de amar: un GPS para el alma

Muchos de nosotros hemos oído hablar del término apego en los últimos años. Las crianzas con apego: el fin de los biberones, las cunas y cualquier medio que suponga imponer una barrera o industrialización de la relación entre padres. Sin embargo, la teoría del apego va más allá de la puericultura, ya que existe un apego adulto como estableció Amir Levine en su libro Maneras de amar (2012).

Según cuenta en su libro, tras pasar un tiempo en el área de neonatos de un hospital, Levine empezó a darse cuenta que había una relación entre el apego infantil y el apego adulto y decidió empezar a investigar más sobre ello:

Los seres humanos, en la prehistoria, solían ser cazadores independientes hasta que empezaron a darse cuenta que aquellos que tenían una pareja o un grupo de apoyo tenían una mayor tasa de supervivencia, inculcando este principio de seguridad a sus descendientes.

Our society puts a lot of emphasis on being independent of our romantic partners, but that doesn’t hold water. It’s not our biology. Dependence is a fact. People should really understand that attachment is a powerful force. When you become dependent, the other person’s happiness is in your hands. It’s a big responsibility.

Algunos Homo Sapiens consideraron que, dado el riesgo en el que vivían, era una pérdida de tiempo preocuparse por otro y poner en riesgo sus vidas, otros lo pusieron en práctica de forma natural y un tercer grupo empezó a preocuparse ansiosamente por su compañero, desarrollando una hipervigilancia precisamente por la brevedad de sus vidas, ya que además, la existencia de un compañero sustentaba su propia existencia. Así es como nacieron las principales tendencias sentimentales de los seres humanos: el seguro, el ansioso y el evasivo. Tres conductas predispuestas que no vienen determinadas por la crianza o la educación, sino de forma genética por nuestros antepasados:

  • Las personas seguras suelen ser cálidas y cariñosas, son las que anhelan momentos de intimidad y seguridad.
  • Las personas ansiosas suelen obsesionarse, controlar y dudan que la capacidad de amar de la otra persona esté a la altura de la suya propia.
  • Los evasivos valoran su intimidad y su independencia y prefieren un alejamiento.

Según Lavine estas tres categorías son aplicables a todos los seres humanos y, aunque es difícil establecer si alguna conducta es mejor que otra, estas conductas explicarían porqué hay gente incompatible entre sí y decidió compartir sus conocimientos en este libro para que la gente dejase de ser  víctima de sus propias circunstancias y entendiese mejor sus relaciones afectivas y las de sus allegados.

“When your partner feels s/he has a secure base to fall back on (and doesn’t feel the need to work hard to get close), and when you don’t feel the need to distance yourself, you’ll both be better able to look outward and do your own thing.”

Si te ha resultado interesante y quieres saber más, puedes encontrar el libro en su web:

http://www.attachedthebook.com/ (En español está traducido como Maneras de amar).

Y si quieres intentar averiguar a qué tipo de persona perteneces puedes hacer estos test: