La amargura de don Quijote

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El Quijote es junto a la Biblia el libro más popular en todos los hogares, el libro al que recurren muchos en las encuestas cuándo se avergüenzan de confesar que no han leído un libro en los últimos años y es posiblemente la novela que más nos representa.

Sin embargo, la verdad es que casi nadie lo ha leído completo y hasta algunos filólogos tiraron de resúmenes en su vida de estudiantes para no hacerlo, por eso, es de comprender que poca gente haya entendido su esencia.

El Quijote es libro casi perfecto y comprende muchos elementos: mofas y elogios literarios, intrahistorias, costumbres, refranes, historias amorosas, aventuras, un sinfín de cosas que lo hacen ser fruto de elogios pero estoy convencida de que pocos se han dado cuenta de un pequeño detalle: El Quijote es uno de los libros más tristes de nuestra literatura.

La gente se acuerda de los molinos, de las locuras de Don Quijote y piensa que es un libro divertido. Los dibujos animados y las versiones abreviadas lo han infantilizado tanto que la obra ha perdido el norte reduciéndose a una simple mofa de los libros de caballerías, esos que tanta adición creaban en la época. Pero Cervantes quiso ir más allá, en parte en consecuencia de la desgracia de su propia vida: Alonso Quijano era un loco-cuerdo al que nadie comprendía. Los escritores, como él y como tantos, se devanaban la cabeza leyendo, escribiendo y divagando entre ideas, siendo considerados locos a ojos de la sociedad, aunque en realidad fueran los únicos cuerdos para discernir la realidad.

La historia de este personaje representa a todos esos locos a los que privaron de su libertad e ilusiones. El cura, el ama y el barbero con sus conspiraciones intentan encerrarlo en casa y relegarlo para siempre a una vida sosegada, pero no fueron los únicos, a lo largo de la historia vemos como otros muchos lo engañan para aprovecharse de la supuesta locura del hidalgo.

En sus intentos de ser un auténtico caballero, el Quijote busca un compañero de andanzas, ese es Sancho Panza, un hombre sin estudios al que solo mueve el dinero y la ambición ya que a pesar de sabe que don Quijote está loco, decide seguirlo para conseguir ser gobernador de una Ínsula. A lo largo de las dos partes de la historia vemos como poco a poco Sancho va quijotizándose y empieza a creer en las “perturbaciones” del Quijote. Este personaje representa la falta de fuerza intelectual de la sociedad que rodea al Quijote.

Con el tiempo Don Quijote, herido y derrotado, quiere volver a casa mientras Sancho le anima a seguir con las aventuras, pues ya no desea volver, ahora es él es un auténtico quijote. ¿De qué muere Don Quijote? Bien vuelve a casa para morir y bien muere porque ha recuperado la cordura, eso nunca quedará claro, pero si sabemos de la tristeza de su muerte. Ha perdido la identidad, le han tapiado su biblioteca y ha recuperado la razón dándose cuenta de la inutilidad de toda su vida, un vida de frustración baldía. Por su parte Sancho, tras viajar y aprender de un hidalgo sobre comportamiento, lecciones de moral y aumentar su valentía (esa de la que tanto carecía en los comienzos) ahora tiene que volver a casa y retomar su vida familiar, sin prosperidad, ni ínsulas ni sueños para allanar su día a día.

Según dijo Ortega y Gasset, Don Quijote no quería ser ni héroe ni víctima, solo él mismo, a pesar de que otros no le dejaron. Por eso y entre otras cosas Nabokok afirmó “Ambas partes del Quijote forman una creíble enciclopedia de la crueldad. Desde ese punto de vista, es uno de los libros más amargos y bárbaros jamás escrito. Y la crueldad es artística”.

Vencidos (1920). León Felipe

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

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