La amargura de don Quijote

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El Quijote es junto a la Biblia el libro más popular en todos los hogares, el libro al que recurren muchos en las encuestas cuándo se avergüenzan de confesar que no han leído un libro en los últimos años y es posiblemente la novela que más nos representa.

Sin embargo, la verdad es que casi nadie lo ha leído completo y hasta algunos filólogos tiraron de resúmenes en su vida de estudiantes para no hacerlo, por eso, es de comprender que poca gente haya entendido su esencia.

El Quijote es libro casi perfecto y comprende muchos elementos: mofas y elogios literarios, intrahistorias, costumbres, refranes, historias amorosas, aventuras, un sinfín de cosas que lo hacen ser fruto de elogios pero estoy convencida de que pocos se han dado cuenta de un pequeño detalle: El Quijote es uno de los libros más tristes de nuestra literatura.

La gente se acuerda de los molinos, de las locuras de Don Quijote y piensa que es un libro divertido. Los dibujos animados y las versiones abreviadas lo han infantilizado tanto que la obra ha perdido el norte reduciéndose a una simple mofa de los libros de caballerías, esos que tanta adición creaban en la época. Pero Cervantes quiso ir más allá, en parte en consecuencia de la desgracia de su propia vida: Alonso Quijano era un loco-cuerdo al que nadie comprendía. Los escritores, como él y como tantos, se devanaban la cabeza leyendo, escribiendo y divagando entre ideas, siendo considerados locos a ojos de la sociedad, aunque en realidad fueran los únicos cuerdos para discernir la realidad.

La historia de este personaje representa a todos esos locos a los que privaron de su libertad e ilusiones. El cura, el ama y el barbero con sus conspiraciones intentan encerrarlo en casa y relegarlo para siempre a una vida sosegada, pero no fueron los únicos, a lo largo de la historia vemos como otros muchos lo engañan para aprovecharse de la supuesta locura del hidalgo.

En sus intentos de ser un auténtico caballero, el Quijote busca un compañero de andanzas, ese es Sancho Panza, un hombre sin estudios al que solo mueve el dinero y la ambición ya que a pesar de sabe que don Quijote está loco, decide seguirlo para conseguir ser gobernador de una Ínsula. A lo largo de las dos partes de la historia vemos como poco a poco Sancho va quijotizándose y empieza a creer en las “perturbaciones” del Quijote. Este personaje representa la falta de fuerza intelectual de la sociedad que rodea al Quijote.

Con el tiempo Don Quijote, herido y derrotado, quiere volver a casa mientras Sancho le anima a seguir con las aventuras, pues ya no desea volver, ahora es él es un auténtico quijote. ¿De qué muere Don Quijote? Bien vuelve a casa para morir y bien muere porque ha recuperado la cordura, eso nunca quedará claro, pero si sabemos de la tristeza de su muerte. Ha perdido la identidad, le han tapiado su biblioteca y ha recuperado la razón dándose cuenta de la inutilidad de toda su vida, un vida de frustración baldía. Por su parte Sancho, tras viajar y aprender de un hidalgo sobre comportamiento, lecciones de moral y aumentar su valentía (esa de la que tanto carecía en los comienzos) ahora tiene que volver a casa y retomar su vida familiar, sin prosperidad, ni ínsulas ni sueños para allanar su día a día.

Según dijo Ortega y Gasset, Don Quijote no quería ser ni héroe ni víctima, solo él mismo, a pesar de que otros no le dejaron. Por eso y entre otras cosas Nabokok afirmó “Ambas partes del Quijote forman una creíble enciclopedia de la crueldad. Desde ese punto de vista, es uno de los libros más amargos y bárbaros jamás escrito. Y la crueldad es artística”.

Vencidos (1920). León Felipe

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

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Adoración por la cafeína

I will remember your small room
the feel of you
the light in the window
your records
your books
our morning coffee.
Raw With Love. Charles Bukowski

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Es miércoles por la mañana y lo primero que viene a nuestra mente es una dosis de cafeína: esas semillas vegetales que, según los monjes sufíes, alargaban la vida. Para los italianos hay hasta treinta y ocho tipos distintos: el capuccino, el ristretto, café con leche, vienna, americano, mocha, el bombón, frappé, irlandés, etc. Casi tantos tipos como escritores ilustres narcotizados por esta bebida.

Así le ocurrió a Voltaire, el día que probó el café de importación, cambió tanto su vida que llegó a arruinarse comprando sacos de café en grano. Su locura llegó a tanto que solía beber entre cuarenta y cincuenta tazas diarias de este maravilloso café con chocolate. Su médico estaba harto de decirle que su adicción le llevaría a la tumba, pero llegó a vivir 83 años.

Bethoveen tampoco se quedaba atrás y tras años tomando café finalmente encontró la mejor composición para su paladar: 60 granos molidos por taza.

Marcel  Proust optaba por sobrevivir solo a base de café. Según su ama de llaves, Proust solo consumía dos cuencos de café negro con leche muy caliente y dos croissants a lo largo del día.

El rey Luis XV de Francia también tenía un gusto especial. Su café era cultivado por él mismo en los jardines de Versalles. Su elaboración y tueste era medido con cuidado para que sus invitados probaran las mejores tazas.

Para Thomas Jefferson el café era la bebida de la gente civilizada, manifestando siempre su mayor desprecio hacia el té británico. Benjamin Franklin tampoco se quedaba atrás ya que extendió el hábito de frecuentar los coffee shops a lo largo de su carrera política.

En su lecho de muerte, Napoleón pidió una taza de café y su autopsia reveló granos de café en el estómago pero según él “I Would Rather Suffer with Coffee than be Senseless”.

Y por último no podía faltar Balzac, descrito como un trabajador infatigable y considerado  uno de los admiradores más pasionales del café, como bien podemos leer en sus obras.

“A partir de ese momento, todo se agita: las ideas se movilizan como los batallones de un gran ejército en el campo de batalla, y la batalla comienza. Los recuerdos llegan a paso de carga, desplegando sus banderas; la caballería ligera de las comparaciones desfila con un magnífico galope; la artillería de la lógica acude con sus carros y sus cartuchos de cañón; las agudezas llegan como tiradores; se forman figuras; el papel se llena de tinta; así, de principio a fin, la vigilia transcurre entre torrentes de agua negra como la pólvora de las batallas”.

 Balzac escribió ni más ni menos que 85 novelas en 20 años y de algún sitio tenía que sacar el tiempo. Para poder trabajar durante más de 15 horas diarias empezó a tomar café turco, pero cuando este dejó de hacerle efecto, empezó a tragar los granos de café con el estómago vacío. Con el tiempo fue asumiendo su problema y escribió El tratado de los excitantes modernos, pero a diferencia de lo que le sucedió a Voltaire, Balzac murió a los 51 años, según su médico por una afección cardiaca agravada por sus deseos de luchar contra el sueño y la noche.

En definitiva parece que el escritor alemán  Heinrich Eduard Jacob estaba en lo cierto: “A su manera, el descubrimiento del café es tan importante como la invención del telescopio o el microscopio, en razón de que el café intensificó y modificó inesperadamente las actividades y capacidades del cerebro humano”.

Maneras de amar: un GPS para el alma

Muchos de nosotros hemos oído hablar del término apego en los últimos años. Las crianzas con apego: el fin de los biberones, las cunas y cualquier medio que suponga imponer una barrera o industrialización de la relación entre padres. Sin embargo, la teoría del apego va más allá de la puericultura, ya que existe un apego adulto como estableció Amir Levine en su libro Maneras de amar (2012).

Según cuenta en su libro, tras pasar un tiempo en el área de neonatos de un hospital, Levine empezó a darse cuenta que había una relación entre el apego infantil y el apego adulto y decidió empezar a investigar más sobre ello:

Los seres humanos, en la prehistoria, solían ser cazadores independientes hasta que empezaron a darse cuenta que aquellos que tenían una pareja o un grupo de apoyo tenían una mayor tasa de supervivencia, inculcando este principio de seguridad a sus descendientes.

Our society puts a lot of emphasis on being independent of our romantic partners, but that doesn’t hold water. It’s not our biology. Dependence is a fact. People should really understand that attachment is a powerful force. When you become dependent, the other person’s happiness is in your hands. It’s a big responsibility.

Algunos Homo Sapiens consideraron que, dado el riesgo en el que vivían, era una pérdida de tiempo preocuparse por otro y poner en riesgo sus vidas, otros lo pusieron en práctica de forma natural y un tercer grupo empezó a preocuparse ansiosamente por su compañero, desarrollando una hipervigilancia precisamente por la brevedad de sus vidas, ya que además, la existencia de un compañero sustentaba su propia existencia. Así es como nacieron las principales tendencias sentimentales de los seres humanos: el seguro, el ansioso y el evasivo. Tres conductas predispuestas que no vienen determinadas por la crianza o la educación, sino de forma genética por nuestros antepasados:

  • Las personas seguras suelen ser cálidas y cariñosas, son las que anhelan momentos de intimidad y seguridad.
  • Las personas ansiosas suelen obsesionarse, controlar y dudan que la capacidad de amar de la otra persona esté a la altura de la suya propia.
  • Los evasivos valoran su intimidad y su independencia y prefieren un alejamiento.

Según Lavine estas tres categorías son aplicables a todos los seres humanos y, aunque es difícil establecer si alguna conducta es mejor que otra, estas conductas explicarían porqué hay gente incompatible entre sí y decidió compartir sus conocimientos en este libro para que la gente dejase de ser  víctima de sus propias circunstancias y entendiese mejor sus relaciones afectivas y las de sus allegados.

“When your partner feels s/he has a secure base to fall back on (and doesn’t feel the need to work hard to get close), and when you don’t feel the need to distance yourself, you’ll both be better able to look outward and do your own thing.”

Si te ha resultado interesante y quieres saber más, puedes encontrar el libro en su web:

http://www.attachedthebook.com/ (En español está traducido como Maneras de amar).

Y si quieres intentar averiguar a qué tipo de persona perteneces puedes hacer estos test:

100 años de belleza femenina

¿Te gustaría ver cómo ha cambiado el concepto de belleza femenina a lo largo de la historia?

Buzzfeed ha creado un vídeo donde diferentes modelos vestidas con un bañador blanco posan para demostrar la evolución de los cánones de belleza. Precisamente, la ausencia de vestimenta de época o cualquier otro adorno llamativo se basa en el propósito de resaltar los cambios en las caderas, peso o esbeltez.

El vídeo, que tiene una duración de unos 3 minutos, recoge once momentos de la historia: el Antiguo Egipto, la Grecia Clásica, la Dinastía Han, el Renacimiento, la Inglaterra victoriana, los años 20, 40, 60 y 80, los 90 y la actualidad.

Women´s Ideal Body Types   

Women´s Makeup Throughout History

Algo semejante también pasa con el maquillaje, la piel blanca, las cejas, el colorete o los lunares han cambiado radicalemente a lo largo de los siglos. Además, el concepto como tal ha pasado de tener fines religiosos o simbólicos a un uso más estético.

En esta misma línea que BuzzFeed se encuentran los vídeos del canal Cut Video, 100 years of… en los que se recogen los distintos peinados y maquillajes de moda a lo largo del siglo XX. Se han plasmado países como USA, Haití, Argentina, Kenia, Japón, China, Etiopía, Alemania, Italia o Rusia, entre otros. Una segunda colección de vídeos Research Behind the Looks aporta una explicación más profunda sobre los distintos estilismos. Muchos de estos vídeos han contribuido a dar a conocer a algunos países cuya imagen nunca se había asociado a la moda (mundo islámico o África) o cómo los acontecimientos históricos también tuvieron influencia en la imagen personal de las mujeres (Segunda Guerra Mundial, Revolución Islámica, etc.).

Espero que lo disfrutéis y os resulte interesante.

The dictionary of obscure sorrows

La palabra inefable define todo aquello que no podemos expresar con palabras, grandes emociones, sensaciones, vivencias, pequeños gestos que son importantes en nuestro día a día y que a pesar de ello aún no cuentan con nombre para definirlas. El lenguaje no es perfecto y aunque a veces podemos utilizar otras lenguas para llenar ese vacío otras muchas veces, la mayoría, el resto de idiomas se enfrenta  a un déficit imposible de solucionar.

Esta sensación de frustración, que tantas veces nos acompaña, fue la que hizo que John Koenig (Charla en TED explicando su proyecto) decidiera crear un diccionario para este tipo de ocasiones imitando el sonido y la grafía de otras lengua ya existentes. Según explica el autor, cada palabra significa algo etimológicamente y se construye de una o hasta una docena de palabras añadiendo prefijos, sufijos, combinando raíces, jergas, etc.

“Each original definition aims to fill a hole in the language — to give a name to emotions we all might experience but don’t yet have a word for,”  explica Koenig.

Lo que comenzó en 2006 como un pasatiempo ha ido adquiriendo dimensiones considerables especialmente desde que empezó a combinar fotografías y vídeos.  Para que puedas entender un poco más en qué consiste yo he seleccionado diez palabras, pero puedes saber más aquí: http://www.dictionaryofobscuresorrows.com/ y si tienes oportunidad mira los vídeos, no solo tienen subtítulos en varios idiomas, si no que la música, imágenes y el texto que acompaña a la definición son estupendas.

JOUSKA una conversación hipotética que compulsivamente desarrollas en tu cabeza -un análisis nítido, un diálogo catártico, un regreso devastador.

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AMBEDO especie de trance melancólico en el que te quedas absorto en pequeños detalles sensoriales.

AMBEDO

OLEKA Nuestras vidas se construyen con las mismas pocas notas, repetidas una y otra vez. No es una gran sinfonía, llena de sorpresas. Es una canción cantada en canon, que simplemente continúa, hasta que la melodía se te queda en la cabeza.

OLEKA

NODUS TOLLENS la conclusión de que la trama de tu vida ya no tiene sentido para ti, y aunque pensabas que estabas siguiendo el arco de la historia, sigues encontrándote inmerso en pasajes que no entiendes, que ni siquiera parecen pertenecer al mismo género.

NODUS TOLLENS en YouTube

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VELLICHOR la extraña melancolía de las librerías viejas, que de alguna manera se funden con el paso del tiempo, llenas de miles de viejos libros que nunca tendrás tiempo de leer, cada uno de los cuales está encerrado en su propia época, atado y fechado y empapelado como una vieja habitación abandonada hace años por el autor, un anexo oculto lleno de pensamientos, tal como estaban el día en que fueron capturados.

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PÂRO la sensación de que no importa lo que hagas, siempre de alguna manera serà lo equivocado, de que cualquier intento de hacer tu camino cómodamente por el mundo sólo terminará atravesando algún tabú invisible.

Pâro

ANEMOIA Nostalgia por un tiempo que nunca has conocido.

ANEMOIA en YouTube

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OPIA mirar a alguien a los ojos y sentirse simultáneamente invadido y vulnerable.

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CHRYSALISM la tranquilidad amniótica de estar dentro durante una tormenta, escuchando las olas de lluvia batiendo contra el techo como una discusión en el piso de arriba, cuyas palabras amortiguadas son ininteligibles, pero cuya crepitante liberación de tensión acumulada entiende perfectamente.

CHRYSALISM

KETA una imagen que inexplicablemente salta a tu mente desde el pasado lejano. (Foto propiedad de El marco rojo.)

KETA (Foto el marco rojo)

El montaje de las imágenes y el texto es exclusiva de este blog.

A la luz de las velas

Si te gusta leer es muy posible que ya conozcas la historia de El perfume.  ¿Te acuerdas de la obsesión de Grenouille por los aromas y su fanatismo por recogerlos? Estoy convencida de que sí, pero en este caso no voy a hablarte del olor único de cada persona si no de aquellos que cuando los percibes te recuerdan inmediatamente a un lugar, a una persona o a un momento de tu vida. Los olores tienen la capacidad de transmitir mensajes y crear ambientes especiales, por eso una pareja ha decidido crear velas 100% caseras y naturales a base de soja con los olores que tendrían sus series y libros favoritos como el comedor de Harry Potter, la casa de Sherlock Holmes, los jardines de Orgullo y prejuicio, los personajes y escenarios de Juego de Tronos, los caseríos antiguos de las novelas u otros aromas tan comunes y especiales como el del pan recién hecho.

Book and glow

La tienda Etsy se llama Book and glow y si te gustan las velas puedes echar un vistazo aquí a esta original idea: Link Book and glow y en Old Glow Candles que comparte prácticamente la misma idea con una gama más variada —Peter Pan, el Mago de Oz, Totoro, Jane Eyre— Link  Old Glow Candles 

Vela Jane AustenVela El hobbitVela olor pan

Otras velas curiosas, aunque no tengan olor a libro, son las de The singular Olivia (antes Olivia Soaps) que ha creado varias colecciones: velas para acompañar copas de vino, velas con olores de plantas —tomateras, flores silvestres, cilantro o col— y velas de lugares —Verano en Saint Tropez, Postal de la Habana y Suite en París.

Espero que te haya resultado curioso y entretenido y en el mejor de los casos te acompañen en tus lecturas de las próximas tardes de otoño.

Verano en Saint Tropez

No hay nada peor que una chica que lee

El siguiente texto es una traducción del texto de Charles Warnke sobre porqué te conviene (o tal vez no) una chica que lee.

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Sal con una chica que no lee

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle os ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Pelea por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberiáis casaros porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista bonita de la ciudad. Tímidamente pídele al camarero que le traiga la copa de champán con el modesto anillo dentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas a regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de vuestras vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Audrey Hepburn pensativa

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya hecho las maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no serás más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con  Joyce, con Nabokov, con Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Sal con una chica que lee

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el armario porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido un carnet de biblioteca.

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Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, en Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

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Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás vuestra historia , tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá  The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, con una que escriba.

Audrey Hepburn escribiendo