Cuando hilar es un arte

Después de unas cuantas semanas sin escribir, hoy os traigo un post muy cortito pero no por ello menos interesante. Hace unas semanas, de forma un poco azarosa, encontré un perfil de instagram sobre el bordado. Si soy sincera, a mí como mucha gente, la primera imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en qué significa bordar es la de manteles y sábanas. Sin embargo a base de ver unas cuentas fotos como las que ahora te voy a enseñar, no es difícil darse cuenta que bordar, como otras habilidades manuales, puede tener múltiples caras y estilos, más allá de los clásicos que todos imaginamos.

El arte, en sí, no son los materiales ni las técnicas; es la combinación de estilos, medios e historias, salpicadas -esencialmente- de mucho talento.

Espero que disfrutes de estos bastidores que bien podrían ser cuadros.

Sarah Benning

Teresa Lim

Meredith Woolnough

Chloe Giordano

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Izziyana Suhaimi

 

Ana Teresa Barboza

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Cosas raras que se escuchan en las librerías

Si ya has leído el libro que te recomendé hace unas semanas, Libro de reclamaciones, y te gustó, este nuevo título tampoco te va a dejar indiferente: Cosas raras que se oyen en las librerías. No tiene desperdicio porque si has trabajado en comercio o de cara al público, seguro que ya sabes por dónde vienen los tiros. Hay clientes de lo más variopinto y algunos con un déficit cultural importante, por eso, cualquier lector con un mínimo de sentido común encontrará este libro de lo más curioso y entretenido.

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Jen Campbell, la autora de este libro se crió en el norte de Inglaterra, pero tras terminar Filología Inglesa, se fue a Londres donde trabajó en varias librerías de viejo. De sus experiencias y anécdotas obtenemos este libro, dividido en cuatro secciones, la última añadida por la editorial Malpaso en la que se recogen anécdotas de librerías españolas. Un claro ejemplo de que el mundo está lleno de gente muy rara o graciosa (y a veces las dos cosas).

El libro, que se publicó en 2012, se convirtió en un éxito inmediato, llegando a ser best seller del Sunday Times y Finalista de los Premios Goodreads. En sus 150 páginas hay cientos de anécdotas de fácil y rápida lectura, algunas incluso acompañadas de simples pero claras ilustraciones que nos ayudan un poco más a no poder reprimir la carcajada.

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A continuación, voy a dejarte unos cuantos ejemplos como de costumbre, pero antes de terminar no puedo pasar por alto que su autora, además de este libro también ha publicado The Bookshop Book, donde habla de las mejores y más curiosas librerías del mundo, desde la más antigua, a la más pequeña, o incluso a la más alta en medio de una montaña.  Un libro sobre las historias que albergan todas las librerías. Sé lo que estás pensando, apúntalo en tu lista de lecturas pendientes. Además, la autora tiene un canal de YouTube https://www.youtube.com/user/jenvcampbell/videos en el que trata temas relacionados con la industria del libro, poesía, relatos cortos, o cuentos, entre otros. Espero que te animes a leerlo y si lo haces lo compartas en los comentarios.

 

LIBRERO: ¿Puedo ayudarlo en algo?

CLIENTE: Sí, ¿dónde están los libros de ficción?

LIBRERO: Ahí, en la pared del fondo. ¿Busca alguno en particular?

CLIENTE: Cualquiera de Stefan Browning.

LIBRERO: No lo conozco, ¿qué tipo de libros escribe?

CLIENTE: Ni siquiera sé si ha escrito… Verá, yo me llamo Stefan Browning y me gusta entrar en las librerías para ver si alguien con mi nombre ha escrito un libro.

LIBRERO: Ya…

CLIENTE: Porque así lo puedo comprar, llevarlo encima y decirle a la gente que tengo una novela publicada. Todo el mundo pensará que soy la hostia, ¿no le parece?

  ***

CLIENTE: ¿Tiene algún libro de chistes sobre suegras? Se lo quiero regalar a la mía, así como de coña. Pero una coña que va en serio, ¿comprende?

 ***

CLIENTE (sosteniendo un libro de cocina): ¿Le importa que fotocopie esta receta?

LIBRERO: Pues sí, me importa.

 ***

LIBRERO: Muy bien. Con el coste de envío incluido, el total suma 13,05 libras. Por favor, deme el número de su tarjeta para hacer el cargo.

CLIENTE: No, ni hablar. Le exijo que me cobre 12,99. No voy a pagar ninguna cantidad que empiece con el número trece. Usted intenta echarme el mal de ojo. O cambia el total o buscaré una librería donde no deseen que me caiga por una alcantarilla y me muera. ¿Entendido?

 ***

HOMBRE: ¿Tenéis carteles de películas en blanco y negro?

LIBRERO: Sí, están por allí.

HOMBRE: Perfecto. ¿Hay alguno con Adolf Hitler?

LIBRERO: ¿Perdone?

HOMBRE: Adolf Hitler.

LIBRERO: Bueno, diría que no actuaba en películas.

HOMBRE: Claro que sí. Era americano. Judío, si no recuerdo mal

 ***

CLIENTE: ¿Tienen la novela de Philip Pullman,  El libro del polvo?

LIBRERO: No. De hecho, ni siquiera se ha anunciado una fecha de publicación.

CLIENTE: Lo sé, pero pensaba que quizá lo tendrían por ser una librería de lance.

LIBRERO: De lance significa «de segunda mano», no «de lanzamiento». Aquí sólo vendemos libros del pasado, no del futuro.

CLIENTE: ¡Ahh!

 ***

CLIENTA: ¿Tenéis relatos en los que Robin Hood no robe a los ricos? Mi esposo se llama Robin y quiero hacerle un buen regalo por su cumpleaños, pero es un financiero así que..

 ***

CLIENTE: ¿No tendrá uno de Javier Marías, pero con vampiros?

Los inicios de los escritores

Septiembre parece ser el mes de los comienzos. Después de enero, este es el mes de los nuevos propósitos después de las vacaciones o con el nuevo inicio de curso. Según Truman Capote:

“Aprils have never meant much to me, autumns seem that season of beginning, spring”.

Y como los principios nunca fueron fáciles, para los escritores tampoco fue muy diferente. A continuación os dejo algunos de los primeros trabajos que desempeñaron algunos de los autores más célebres de la literatura universal:

  • Charles Dickens: Uno de los más célebres de la literatura decimonónica, fue un pequeño Oliver Twist trabajando como peón en una fábrica de zapatos diez horas al día. Ganaba unas 16 libras actuales, las cuales iban destinadas a pagar las deudas de su padre mientras este estaba en prisión. Aunque más tarde trabajó como periodista, su primer empleo le permitió conocer a gente que más tarde sería personajes de sus novelas.
  • Agatha Christie: Durante la primera guerra Mundial, trabajó como voluntaria curando a los heridos de guerra. Gracias a esto, cuando acabó la guerra pudo trabajar como ayudante en una farmacia. Mucho de lo que aprendió, hoy lo podemos leer  en sus famosos fantásticas novelas de asesinatos.

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  • Stephen King: Trabajó como encargado de mantenimiento en una escuela. El tiempo que pasó empujando el carrito de la limpieza le ayudó a la hora de escribir una de las escenas más famosas de su novela Carrie.
  • T. S. Elliot: Trabajó como administrativo en un banco. El tiempo que empleaba en ir de casa al trabajo le permitió escribir algunos de sus más célebres pasajes.
  • Jack Kerouac: El famoso autor de On the road hizo trabajos de lo más variopintos, fregó platos en un restaurante, trabajó en una gasolinera, fue vigilante nocturno y recogió algodón.
  • Jack London: Quién iba a decir que el creador de Colmillo blanco pasó su juventud robando ostras de granjas ajenas para después venderlas en el gran mercado de Oakland.

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  • William Faulkner: El ganador del premio novel de literatura trabajó como cartero. Gracias a eso, pudo leer las revistas que tenía entregar a sus correspondientes destinatarios. Según dicen, no era muy bueno en su trabajo, ya que “perdía” los paquetes continuamente.

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  • Robert Frost: Además de dar clases, fue repartidor de periódicos y trabajó en una fábrica cambiando los filamentos de las bombillas fundidas. Más tarde Robert Frost recibió el premio Pulitzer.

Por eso, en la literatura y en la vida, no perseguimos finales, sino comienzos.

Diez curiosidades literarias

1. Dostoievski: nació en el manicomio donde trabajaba su padre y se crió rodeado de enfermos mentales, algo que marcó su vida y obra.

2. Nicolás Gogol: tenía verdadero pánico a ser enterrado vivo, por eso, pidió a sus amigos que después de muerto esperasen el tiempo suficiente para que su cuerpo presentase síntomas de descomposición. Así lo hicieron.

3. Marcel Proust: la editorial con la que se topó fue tan coloquial como hiriente respecto a su gran obra, En busca del tiempo perdido: “Mi querido amigo, puede que esté muerto de cuello para arriba, pero aún así no veo por qué un tío puede necesitar 30 páginas para describir cómo cambia de postura en la cama antes de dormir”. El escritor francés llegó hasta el punto de pagar de su bolsillo a una editorial para ver publicada su obra.

4. Frank L. Baum: el célebre autor de El maravilloso Mago de Oz, se inspiró en un cajón de un archivador para poner el nombre a su obra. Al parecer, la etiqueta del archivador indicaba “O-Z”

5. Charles Dickens: es la excepción a la regla que dice que los escritores necesitan soledad para concentrarse. Esto fue lo que su cuñado Burntt contó sobre él en una ocasión:

Una tarde en Doughty Street, la señora Dickens, mi esposa y yo estábamos charlando de lo divino y lo humano al amor de la lumbre, cuando de repente apareció Dickens. “¿Cómo, vosotros aquí?”, exclamó. “Estupendo, ahora mismo me traigo el trabajo”. Poco después reapareció con el manuscrito de Oliver Twist; luego sin dejar de hablar se sentó a una mesita, nos rogó que siguiéramos con nuestra charla y reanudó la escritura, muy deprisa. De vez en cuando intervenía él también en nuestras bromas, pero sin dejar de mover la pluma. Luego volvía a sus papeles, con la lengua apretada entre los labios y las cejas trepidantes, atrapado en medio de los personajes que estaba describiendo…

6. Truman Capote: planificaba sus obras hasta extremos insospechados. El también escritor Paul Bowles contó en su día esto sobre él:

Un día Truman nos trazó su programa literario para los siguientes veinte años. Era tan detallado que por supuesto lo tomé como una fantasía. Parecía imposible que alguien supiese con tanta anticipación lo que iba a escribir. Pues bien, todas las obras que había descrito en 1949 fueron apareciendo, una tras otra, en los años posteriores. Estaban todas en su cabeza esperando a ser incubadas.

7. Philip Roth: frecuentaba una tienda de alimentos en la que trabajaba Julian Tepper que acababa de publicar su primera novela, Balls. Tepper, admirador del primero, le regaló su libro y le pidió consejo. Roth fue tan sincero como contundente:

—Yo lo dejaría ahora que puedes. De verdad. Es un campo horrible. Tortura. Escribes y escribes, y entonces tienes que tirar la mayor parte porque no está a la altura. Yo te diría que lo dejases ahora. No quieres hacerte esto a ti mismo.

8. Hemingway: no podía escribir sin sus amuletos de la suerte en su bolsillo derecho: “una castaña de Indias y una pata de conejo raída, con los huesos y los tendones relucientes de tanto sobarlos”.

9. Alfred Jarry: escritor surrealista francés. Sus últimas palabras fueron: “me estoy muriendo, por favor, tráeme un palillo de dientes…”

10. J. K. Rowling: Cuando envió el manuscrito de Harry Potter a 12 editoriales, sólo recibió negativas. Finalmente, la hija de ocho años del presidente de Bloomsbury convenció a su padre para que lo editara.

Nuevos “Sosias” del S.XXI

Todo el mundo en su vida ha sido confundido con alguien. A veces la gente que no conoces te saluda inexplicablemente, otras veces eres tú el que vas en el metro y no paras de mirar a una persona porque no deja de recordarte a otra que tú conoces. Este es un fenómeno mundial, pero sobre todo común, hasta el punto de que un fotógrafo canadiense decidió fotografiar a gente que ni se conocía, ni mucho menos compartían ningún lazo sanguíneo. El autor, cuando apenas llevaba unas cuantas fotos, dejó muy sorprendida a la gente, ya que no podían creerse que las dos personas de sus fotografías no se conociesen  de nada. Así, decidió indagar más hasta conseguir un conjunto de 200 fotos que van viajando a lo largo del mundo.

Sin embargo, por mucho que yo pueda decir, sin una imagen esto no serviría de nada, por eso, os dejo algunas fotografías para que podáis calcular la magnitud de su búsqueda. Espero que disfrutéis de la muestra y si tenéis la oportunidad de toda la exposición llamada: “I´m not a look-alike”.

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Food art

Cuando alguien es creativo se nota. No hace falta que sea un gran artista, simplemente es alguien que hace grandes las cosas más pequeñas o por resumir, aplica unas ideas que no son las más comunes. Ese puede ser el caso de David Laferriere. Laferriere es un diseñador gráfico que cada mañana hace una ilustración en la bolsa de plástico en la que envuelve los sándwiches de sus hijos, luego les saca una foto y la publica en flick, pero estos dos niños solo pueden ver el dibujo a la hora del almuerzo.

Lo que puede que empezase en el año 2008 como una idea sin grandes aspiraciones, es hoy, 2013, un proyecto de 1100 dibujos por el que han pasado robots, monstruos, dinosaurios, pájaros y un sin fin de personajes.

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Mientras que a unos les da por los sándwiches a otros les da por los fideos. Parece que la comida es un gran recurso, desde los spaghetti, a los macarrones, pasando por un hombre de pasta dispuesto a dar un salto mortal. He podido encontrar cientos de fotos de este estilo, pero me limito a cuatro como ejemplo. Quizá la próxima vez sean alcachofas o mandarinas. Los artistas lo dirán.

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This is

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M. Sasek nació en Checoslovaquia en 1916. Aunque su vocación siempre fue la del arte sus padres estimaron esta actividad poco provechosa y bajo constantes críticas, se vio obligado a iniciar la carrera de arquitectura. Sin embargo, la semilla siempre quedo ahí y nunca olvidó sus primeras intenciones. Cuando el gobierno comunista tomó el poder tras la Segunda Guerra Mundial, se vio obligado a residir en Munich donde trabajó haciendo diversas labores en la radio. Durante un viaje a París, Sasek se percató de la escasez de libros de viajes dedicados a los niños y es aquí donde ideó la serie conocida como This is.

El primer libro, titulado This is Paris apareció en París en 1959 y tuvo una total acogida gracias a sus imágenes coloridas, su curioso sistema de perspectiva y por los textos que acompañaban, llenos de referencias históricas entretenidas y curiosas que incitaban a los niños a querer leer y conocer. En su momento, el libro dedicado a París tuvo tanta fama, que se hicieron otros similares de Londres, Nueva York, Roma o San Francisco entre otras tantas ciudades. En todos ellos detalla los medios de transporte, los platos típicos, los trajes regionales, etc.  Y como esto nunca fue suficiente para Sasek, aún fue más allá y viajó hasta Australia e Israel. Este último libro gozó de tantas aclamaciones que pasó a convertirse en una película animada.

Sin embargo, los grandes artista no siempre son recordados. En España se empezaron a publicar en los años 60 y jamás volvieron a salir a la luz salvo en algún cajón de alguna librería de viejo. En otros países europeos, sus ilustraciones nunca se incluyeron en los planes de estudios de Historia del Arte o disciplinas similares y solo recientemente Inglaterra a vuelto a reeditar toda  la serie. Curiosamente, algunos manuales antiguos  de inglés  de la época de los setenta se acompañaban de las viejas ilustraciones de Sasek sobre Londres. Por todo ello, si eres de los que te gusta recordar aquellos aires locos de los sesenta y te gusta viajar por el mundo solo te queda echarle un vistazo a algunas de sus grandes ilustraciones:

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