La dama del perrito y La apuesta

En el post de hoy, quiero hablaros de Chéjov. Y aunque se ha dicho mucho sobre él y ha sido admirado hasta la saciedad por su realismo psicológico, hasta no hace mucho, yo no había leído ninguna de sus obras. En principio, a mí solo me parecía otro autor más y no le di mucha importancia, pero hace unos meses leí El jardín de los cerezos y entonces comprendí muchas cosas de su mundo creativo, especialmente porqué su teatro era diferente. Después vinieron los cuentos, La dama del perrito y La apuesta, obritas muy breves que uno puede leer en un viaje de tren o tal vez dos sin mucho esfuerzo, aunque no por ello estén carentes de profundidad.

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Hoy quiero destacar estos dos cuentecitos considerados dos de sus mejores relatos según los críticos. El primero, La dama del perrito, narra la historia de un banquero, casado y padre de tres hijos que durante unas vacaciones conoce a una mujer mientras esta pasea a su perro. Ambos mantienen una relación pasajera, pero al estar casados prefieren olvidar lo sucedido. Tiempo después vuelven a reencontrarse y al darse cuenta de sus mutuos sentimientos deciden emprender una nueva vida juntos: Ambos veían, sin embargo, claramente, que el final estaba todavía muy lejos y que lo más complicado y difícil no había hecho más que empezar”.

La historia que podría considerarse nada fuera de lo común, en realidad no busca explotar el contenido sino que, por el contrario, es una mera excusa para ahondar en el plano sentimental del ser humano. Se dice que Chejov, al trabajar como médico, consiguió conocer perfectamente la naturaleza del hombre al poder tratar con gente de toda condición, una experiencia que marcó su carácter y que refleja a posteriori en muchos de sus escritos, como este.

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La dama del perrito es considerado por Richard Ford un relato “breve, complejo y, sin embargo, directo” en el que pretende analizar cómo surge el sentimiento del amor al mismo tiempo que trata temas como la soledad o el aburrimiento de la vida cotidiana. En definitiva, un puñado de anécdotas amorosas que consiguen relatar la verdad de la vida cotidiana en los inicios de la vida moderna.

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Por otra parte, en el cuento La apuesta, el autor trata de desmontar el concepto de libertad y de sabiduría. Un banquero reta a un joven de 25 años a pasar 15 años en una cárcel a cambio de dos millones con el fin de probar que la pena de muerte es un condena sumamente más humana que la cadena perpetua. El joven, pese a lo que piensan todos, consigue aguantar los 15 años de cautiverio mediante la lectura y estudio, lo que cambiará su visión de la vida. Dos personajes simbólicos que representan conceptos como la libertad, la juventud, la sabiduría y la riqueza. Sin duda, un relato en el que Chejov deja patente su visión de la literatura y la importancia de esta:

“En los libros bebía vinos aromáticos, cantaba canciones, en los bosques cazaba ciervos y jabalíes, amaba mujeres… Beldades, leves como una nube, creadas por la magia de sus poetas geniales, me visitaban de noche y me susurraban cuentos maravillosos que embriagaban mi cabeza”.

Link a La dama del perrito

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Espero que sobre todo te animes a leer a Chéjov y adentrarte un poco más en su mundo.

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La gente cultivada

No hace mucho leí La dama del perrito, y aunque es un cuento de unas 10 páginas, no dejó de impresionarme. Diez páginas que ya desearían muchas novelas.  Después de esta historia, que yo resumiría en “no es lo que cuenta sino como lo cuenta” -porque historias de adulterios en la literatura rusa conocemos unas cuantas-,, mi siguiente lectura fue El jardín de los cerezos, otro clásico trágicocómico que no puede pasar desapercibido. Queda claro que Chéjov era un gran autor, pero también un hombre de gran inteligencia y profundid. Para más pruebas, está esta carta de Chéjov a su hermano en la que describe las ocho características de la gente culta. Poco más hay que añadir.

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“Moscú, 1886.

¡Te me has quejado a menudo de que la gente “no te entiende”! Goethe y Newton no se quejaban de eso… solo Cristo se quejaba de eso, pero Él estaba hablando de Su doctrina y no de Sí mismo… La gente te entiende perfectamente bien. Y si tú no te entiendes a ti mismo, no es su culpa.

Te aseguro como hermano y como amigo que te comprendo y que te percibo con todo mi corazón. Conozco tus cualidades tan bien como conozco los cinco dedos de mi mano; las valoro y las respeto profundamente. Si quieres, y para demostrar que te entiendo, puedo enumerar dichas cualidades. Creo que eres amable hasta la dulzura, magnánimo, generoso, dispuesto a compartir hasta el último céntimo; no sientes envidia ni odio, eres simple de corazón, compadeces a hombres y animales, eres confiado, sin rencores ni estratagemas, y no tienes nada de maldad… Además, has recibido un don que mucha otra gente no: tienes talento. Tu talento te sitúa por encima de millones de hombres, pues en la tierra solo uno de cada dos millones de personas es artista. Tu talento te coloca aparte: si fueras un sapo o una tarántula, incluso así, la gente te respetaría, pues por el talento todo se perdona.

Solo tienes un defecto, y la falsedad de tu situación, y tu tristeza, y tus gastroenteritis se deben solo a eso. Y es tu falta de cultura. Perdóname, por favor, pero veritas magis amicitia… Ya sabes, la vida tiene sus condicionantes. Para sentirse cómodo entre gente refinada, para estar en su casa, para ser feliz con ellos, uno debe culturivarse hasta cierto punto. El talento te ha metido en ese círculo, perteneces a él, pero.. al mismo tiempo te sientes expulsado y vacilas entre estar con la gente culta o quedarte con sus inquilinos.

La gente cultivada debe, en mi opinión, cumplir las siguientes condiciones:

1. Respetan la personalidad humana y, por eso son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No discuten por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien que no les gusta y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.

2. No sólo tienen simpatía por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P., para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.

4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten ni siquiera en las pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No suelen barbotear ni fuerzan a nadie a escuchar inconveniencias. Por respeto a los oídos de los demás, callan más frecuentemente de lo que hablan.

5. No se menosprecian para despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que se sientan culpables y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto un segundo plato” porque todo eso es demasiado facilón, es vulgar, rancio, y falso.

6. No tienen vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P.*, por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas… Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos… Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov** dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.

7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad … Se sienten orgullosos de su talento. Pueden llegar incluso a ser molestos.

8. Comienzan por desarrollar el sentido estético en sí  mismos. No pueden ir a dormir con la misma ropa que usaron durante el día, ni ver las grietas de las paredes llenas de insectos, ni respirar un aire viciado, ni caminar por un suelo recién escupido, ni cocinar sus alimentos sobre una estufa de aceite. Intentan por todos los medios contener y ennoblecer el instinto sexual. Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama… No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, el instinto maternal. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no olisquean el armario de la cocina en busca de bebida, porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben sólo estando libres y en ocasiones especiales. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano.

Y así sucesivamente. Así es como son las personas cultivadas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído ‘Los papeles del club Pickwick o haber memorizado el monólogo de ‘Fausto’ ... Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, ejercitar tu voluntad. Cada hora es preciosa para ti. Ven con nosotros, tira la botella de vodka, descansa y lee… Turgenev, si quieres, a quien además no has leído.

Tienes que deshacerte de tu vanidad, ya no eres un niño… pronto tendrás treinta.

¡Es hora!

Te espero… Todos nosotros te esperamos”.1900_yalta-gorky_and_chekhov